Reciente crecida de río en Moa, Holguín: Dieciocho minutos antes de salvar once vidas
Oct, 2026.- La lluvia comenzó a caer con inocencia sobre Moa. Eran apenas unas hebras de agua que descendían desde las altas crestas de la montaña, recorriendo lentamente la tierra y juntándose en su camino con cañadas, arroyos y riachuelos hasta buscar el cauce del río Cayo Guan.
Aquellas pequeñas corrientes terminaron convirtiéndose en una avenida de agua que perdió toda mansedumbre. El río creció con rapidez, bajó con fuerza y arrebató, en pocos minutos, la tranquilidad de quienes disfrutaban sus aguas aquella tarde.
Al otro lado, en una zona conocida como La Curva, quedaron atrapadas 11 personas. Entre ellas había dos niños: uno de dos años y otro de cuatro.
La cobertura telefónica en ese lugar es casi inexistente. La ayuda parecía estar lejos, hasta que un motorista que pasó cerca logró conocer la situación y llevar la noticia hasta donde podía ser escuchada. A las 9:08 de la noche, la primera llamada llegó al Comando 30, en la ciudad de Moa.
Para estos casos existen protocolos que tienen como primera instancia informar al jefe del comando, el mayor Ernesto William Caballero Batista, quien ocupa ese cargo desde 2021.
Según narra este oficial, lo que hasta esa hora había sido un apacible domingo echó a andar una eficaz maquinaria de hombres que han dedicado gran parte de su vida a enfrentar situaciones extremas.
Tras recibir la alerta comenzaron las coordinaciones. La respuesta debía ser rápida, pero también precisa. Desde la Unidad de Emergencia de la empresa Pedro Soto Alba salió un carro de rescate con los técnicos Ricardo Campo Ruiz y Giornis Milhe Rodríguez. La Unidad de Emergencia de la empresa Ernesto Che Guevara aportó una ambulancia con medios de primeros auxilios y los técnicos Carlos Matos Santiesteban y Roberto A. Sánchez Sánchez.
El Comando 30 sumó el auto-cisterna 768, al mando de Yurizander Martínez Cobas, con el técnico de rescate Yunior Leyva Noa, el primer operador Michel González Reynosa y los jóvenes soldados Moisés Batista Villanueva y Víctor Ramírez Leyva.
Esa respuesta tardó sólo 18 minutos. Alrededor de las 9:30 de la noche, los equipos se abrieron camino rumbo al sitio del peligro. Según cuenta Caballero Batista, al pasar por el área de la alcantarilla cerca del campismo Cayo Guan, tuvieron que detener la marcha por el deterioro de la vía.
«No podíamos continuar con los medios de transporte, así que tomamos los equipos y avanzamos a pie aproximadamente un kilómetro y medio. Una vez allí realizamos la exploración y constatamos la presencia de once personas atrapadas. Entonces valoramos las acciones que debían realizarse, teniendo en cuenta las características del lugar y las condiciones climatológicas», narra.
La decisión fue conectar una línea funicular entre ambas orillas: una cuerda que serviría de camino para las desesperadas víctimas de la fuerza violenta de las aguas. El técnico de rescate Yunior Leyva Noa cruó el río equipado con arnés y chaleco salvavidas para fijar la cuerda en un árbol del otro lado. Ricardo Campo Ruiz realizó el anclaje desde la orilla donde estaban los rescatistas. Después vendría la evacuación.
«Cuando hay menores de edad, la responsabilidad aumenta. Por eso se extreman las medidas de seguridad», precisó luego el entrevistado.
Tras fijar la cuerda, la noche todavía guardaba su momento más difícil.
Primero los niños
En todo rescate hay momentos que quedan grabados para siempre. Para el mayor Caballero, aquella noche en Cayo Guan tuvo uno marcado con especial intensidad: el de trasladar del otro lado del río a los menores.
«Ese rescate lo hicimos con precisión, sin apuros, extremando cada medida de seguridad. Yo personalmente, junto a Geiser Paz Ramírez, nos metimos al río hasta donde pudimos para apoyar esa labor».
No era sólo una maniobra técnica: del otro lado de la corriente había dos pequeños esperando volver sanos a la rutina feliz de los juegos. Esas personas llevaban varias horas atrapadas. La incertidumbre, la oscuridad y el sonido de la corriente habían comenzado a dejar huellas.
«Todo el tiempo se realizó trabajo sicológico con las víctimas. Había síntomas de desesperación y era necesario crear un ambiente de seguridad. Hubo un instante especialmente complejo: cuando se fue a evacuar al primer niño, la madre entró en pánico. El miedo la venció.
«Había comenzado a llover nuevamente y las aguas rugían, sucias y amenazantes. La rápida labor sicológica del rescatista permitió realizar el salvamento. Durante la evacuación fue empeorando el tiempo. Comenzó a incrementarse la intensidad de la lluvia y detectamos indicios de aumento del nivel del río.
«Por eso aceleramos el proceso, pero sin comprometer la seguridad de las víctimas. Lo más significativo fue el abrazo de la madre y su hijo después de ser evacuados. Uno piensa siempre en sus hijos. De ahí viene el amor con que hacemos las cosas».
A las 00:22 horas del 5 de octubre culminó el último rescate. Quedaba detrás la amenaza de las aguas mientras las once personas festejaban el beso de la vida. Los bomberos permanecieron de pie un instante frente al río. La «bestia» había sido domada gracias a la profesionalidad, la disciplina y el trabajo en equipo.
La certeza de haber llegado a tiempo dejaba un temblor bondadoso sobre el alma.
La lección de cada rescate
Después de 29 años en el Cuerpo de Bomberos, el mayor sabe que ningún servicio es igual a otro. Cada emergencia tiene sus propios fantasmas y momentos de júbilos.«Creo que lo más importante para un bombero es su preparación. Cuando se domina la situación operativa de tu localidad y se cuenta con los medios y las fuerzas capacitadas, lo demás fluye de modo natural.
«Esta es una de las profesiones más hermosas. Cuando entras, te enamoras. Requiere preparación constante, entrega, dedicación, disciplina, valor y honor. La mayor de las satisfacciones es salvar vidas. No hay palabra que encierre cuánto orgullo se siente en ese momento».
Mientras hablamos, queda al descubierto una verdad sencilla, pero que a veces suele descuidarse: quienes portan estos uniformes son seres humanos que padecen, viven y asumen el mismo entorno de las víctimas, sin dejar que sus problemas afecten el desempeño de su trabajo.
«Quiero decirle al pueblo que detrás de cada rescate y salvamento hay un ser humano con dificultades, como todo cubano, pero ante el llamado de urgencia deja todo atrás para estar al lado de quienes lo necesitan».
Cuando la lluvia dejó de caer sobre la tierra roja de Moa y las aguas volvieron a su calma milenaria, la imagen de estos hombres se multiplicó en las redes sociales. Así, todo el pueblo de Cuba festejó la eficacia del equipo de rescate y la preservación de la vida de once de sus hijos. (Tomado de Juventud Rebelde)

