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Hacedores de carbón en Nuevitas

Nuevitas, Camagüey, 29 ago.- La elaboración de carbón vegetal en Nuevitas es una práctica tan antigua como la fundación de la villa. Tanto en lugares cercanos al litoral de la bahía, como en los muy forestados cayos; en intrincados parajes campestres y territorios cercanos a concentraciones humanas los nativos tomaron la iniciativa de procesar el tizón.

Son muy conocidas las ancestrales carboneras de Cayo Sabinal y Cayo Romano, como populares fueron los hornos construidos cerca de Punta del Guincho, en Nuevitas, y los más extensos y arraigados que se ubicaban en la antiquísima Las 80, cercana al vistoso balneario de Santa Lucía.

Tal fue el arraigo del oficio que la labor se convirtió en un modus vivendi para los llamados “arrancados”, quienes perseveraban infructuosamente en buscarse sus sustentos, al menos, cubrir sus mínimas necesidades de vida.

Una huelga de los obreros del carbón de Los Robles, en Cayo Sabinal, se produjo en octubre de 1940 cuando abandonaron sus quehaceres por el mal estado de los víveres que les vendían a altos precios.

Por otro lado, el 11 de diciembre del propio año, informó la prensa de entonces, que compañías norteamericanas trataban de apoderarse de las tierras de Cayo Romano alegando el derecho de propiedad de la Empresa Central Cunagüa S.A., lo que ponía en peligro la posibilidad de continuar haciendo carbón.

Los carboneros, por la propia esencia de su origen, históricamente asumieron posiciones progresistas y revolucionarias desde la propia instauración de la República mediatizada, ejemplo de ello, el 10 de enero de 1941 Antonio Ramírez Rivero intentó el paro en los cortes de carbón para recordar al líder comunista juvenil Julio Antonio Mella, por lo que fue encausado por el Tribunal de Urgencia de Camagüey.

La producción del carbón siempre estuvo muy vinculada a los más ancestrales pregones que conoce la ciudad, así se anunciaba el vendido por latas y el saco de yute completo. Algunos de aquellos voceros del útil producto se les oía exclamar: “venga compre el buen carbón. Cocina, dura y no tizna” o “Fría su pescado en la sartén con el carbón que como yo le den”.

Además de utilizar distintos tipos de hojas, ramitas e hierbas con fines medicinales, también el carbón encendido y brasas de marabú despedían el calor necesario para que los propios carboneros se aliviaran los dolores de las intensas jornadas de labor y los años permanecidos en la faena pero al cabo de muchos años la práctica se perdió.

Muchos de aquellos pioneros del oficio, en su mayoría españoles que en Nuevitas habían dedicado su vida a la fabricación de carbón, después del triunfo de la Revolución cubana fueron atendidos hasta sus últimos días por las instituciones de salud y de modo especial por el Hogar de Ancianos construido aquí.

Ahora, en que aún existen nativos dedicados a la tarea, queda la impronta de aquellos que la iniciaron cuando ese era el principal combustible empleado en la cocción de los alimentos. (Tomado de Radio Cadena Agramonte)