Al sur

Agradecerte, madre, sobrepasa el infinito

Una reflexión en el Día de las Madres: los cuidados, los besos, los consejos y esa ternura que solo ellas saben dar. “Serás eterna aunque tu imagen quede en instantáneas familiares”, escribe Raúl Reyes Rodríguez.

Agradecerte, madre, sobrepasa el infinito. Por los cuidados colmados de desvelos, los besos rimados con un “te amo” permanente, los consejos para no torcer el camino señalizado por tus manos guiadoras, las que eliminan obstáculos peligrosos en muchos momentos de la vida.

Madre, perdona si dejamos de cumplir cosas que deseabas se hicieran, o si tropezamos con la misma piedra cuando oportunamente aconsejaste. Sabes que siempre brotan esas palabras de tus labios acariciadores de la inocencia y regañadores ante la tozudez.

Eres tan necesaria como el sol de las mañanas con sabor a café, y como la lluvia que se refugia en arroyos, madura las frutas, da vigor a las flores, inspira la ternura y contribuye a la maravillosa salida de los arcoíris para colorear el alma noble y generosa de la que te salen enormes alas para abrigarnos cuando es necesario.

Madre, nunca un solo día del año podrá resaltar cuánto eres imprescindible. Serás eterna aunque tu imagen quede en instantáneas familiares cuando hayas partido a otro espacio. Pero mientras permanezcas en cada hogar —también como abuela, tía o madrina— habrá que agradecerte con abrazos amorosos hasta el infinito.

Por Raúl Reyes Rodríguez