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Secuencias de un nuevo rito serrano

En la demarcación del consejo popular Calabaza de Sagua, en las montañas del oriente cubano, en la vivienda del trabajador forestal Luis Marino Sánchez Pupo será instalado un sistema fotovoltaico de 2 kilowatts de potencia, parte de un lote proveniente de la República Popular China.

Lo adelanta el propio Luis Marino, a la vera de la carretera Sagua-Guantánamo, en la entrada del camino que conduce a Rosario, donde está ubicada, en la cresta de una loma, su modesta casa de paredes de tablas y cobija de pencas de palma real.

«Es por ahí», dice. En realidad, la vista choca con una cortina de árboles, tras la cual se esconde una pronunciada pendiente. «Sí, por ese rumbo, a un kilómetro y medio o un poquito más», aclara con la naturalidad del montuno acostumbrado a minimizar los largos tramos que camina diariamente.

Admite su alegría, lo cual le sucede desde que un coterráneo le confirmó que la vida de la familia cambió por completo, a partir del momento en el que los paneles solares y los demás elementos de un sistema similar fueron instalados al lado de su bohío. Por eso mismo, tiene planes de comprarse algunos equipos electrodomésticos que antes no tuvo.

«¡Arriba, arriba, que el tiempo corre!», conmina Manuel Tamayo o Poyato, a secas, por obra y gracia de su poco común, y a la vez pegajoso, segundo apellido. Es el hombre al frente de la fuerza que en la zona monta los sistemas fotovoltaicos. Sus palabras también conforman la orden para iniciar el descargue de los componentes del módulo, transportados hasta este sitio en el camión de triple tracción empleado por la brigada.

El vehículo está en buen estado técnico. Aun así, no hará la ruta hasta la vivienda de Luis Marino por lo angosto de algunos tramos y las extremas hendiduras labradas por corrientes de agua durante las épocas de lluvia.

Ahora el rol protagónico en la transportación de los módulos corresponde a dos carretas tiradas por bueyes. Ambas pertenecen a la cooperativa de créditos y servicios Conrado Benítez. Su presidente, Samuel Barzaga Cutiño, confirma que son los medios apropiados para transportar en el lomerío artículos pesados de diverso tipo. Encaran los desafíos con solidaridad, según se desprende del relato que hilvana sobre la ruda forma de vivir en la zona.

Los hombres bajo el mando de Poyato son muy competentes. Luis Felipe Almira, electricista capaz de asumir cualquier tarea, es uno de los que colocan los paneles solares sobre la carreta más cercana al camión. Verifica que la tensión del amarre no se exceda, para evitar daños. También revisa la colocación de cajas con conexiones plásticas y componentes metálicos, indispensables para las labores de ensamblaje.

La segunda carreta, una vez cargada la primera, ocupa la posición más próxima al vehículo automotor.  A ella trasladan el convertidor, a todas luces el elemento de mayor peso en el sistema. Seguidamente, le incorporan las vigas que soportarán los paneles. Todo parece bien sujeto.

El tortuoso tramo vencido con preocupación para evitar dañar los artículos transportados y los animales de tiro. Foto: Germán Veloz Placencia

CARAVANA EN MARCHA

La caravana emprende la marcha. Vencido un corto tramo, el camino, como acostumbran a decir en la zona, «se tuerce» hacia la derecha y revela una pronunciada pendiente, totalmente cubierta por piedras sueltas, de distintos tamaños e irregulares contornos.

Yomel Tamayo Tamayo, quien «comanda» la carreta de la vanguardia, decide hacer una parada para organizar el descenso. Por la expresión de su rostro, la cautela marcará cada movimiento.

Enérgico, ordena a los bueyes reanudar el avance. Coliblanco y Diversión –así se llaman los animales– obedecen. Con cada paso clavan las pezuñas de sus patas en los espacios entre piedras. Lo hacen por instinto, más que por adiestramiento. Únicamente así evitan ser arrastrados cuesta abajo por la carreta.

La situación es la misma para la carreta «bajo el mando» de Orlando Tito Barzaga, quien asumió el oficio de boyero más de 30 años atrás. Sus ojos están pendientes de los desplazamientos de Terrible y Temible. Sufre con cada resbalón de los animales sobre las piedras. No tendrá consuelo si alguno de ellos resulta lesionado.

Le preocupa la inclinación mostrada por el convertidor. Habrá que corregir la tensión de la cadena que lo sujeta, advierte en voz alta.

Al fin culmina el descenso. Durante la breve parada que sobreviene, el boyero y la gente de Poyato ponen en orden la carga. Desde la carreta de la vanguardia envían un mensaje sobre el inevitable ascenso por un tramo con profundas zanjas. Todos se subordinan a la determinación de evitar un accidente.

RIESGO TRAS RIESGO

Rebasado el peligroso tramo queda el recuerdo de la rápida intervención de varios compañeros para impedir que los paneles fueran golpeados por el gajo de un árbol inclinado sobre el camino. Un silencio, tal vez revelador de cansancio, es roto cuando alguien reclama apretar el paso todo lo que sea posible.

Aparece el atajo que lleva directamente al punto final del recorrido. Es un trillo que solo ofrece paso a personas, es decir, los especialistas a cargo del montaje de los componentes del módulo.

Las carretas continúan bordeando la elevación que oculta la vivienda de destino. Junto a los boyeros permanecen Samuel y Poyato.

El último, al tiempo que se desplaza, comparte impresiones de lo hecho por su equipo en los últimos días. «Hoy, el recorrido, en ida y vuelta, es de unos cuatro kilómetros, es decir, es corto si lo comparamos con el de ayer, cuando instalamos un sistema en una casa que está a diez kilómetros monte adentro»,

La estrategia aplicada consiste en alternar distancias cortas y largas. Unas veces llevan las partes de los sistemas en carretas y otras a lomo de mulo, siempre con el apoyo de las personas favorecidas y de sus vecinos. Las herramientas para el montaje las cargan en estuches plásticos o en mochilas.

Las carretas emprenden un giro brusco, en dirección norte, y continúan en trepada. Hay fango. La segunda, al transitar por el borde de una hendidura, se desplaza peligrosamente hacia aquella. Orlando, el boyero, obliga a los animales a acelerar bruscamente la marcha.  Samuel y Poyato ofrecen oportuno auxilio. Con sus manos frenan la caída lateral del rústico vehículo.

Una vez en el patio de la vivienda por electrificar no hay comentarios sobre el incidente. El tiempo se consume en el montaje de los equipos transportados. Es poco más del mediodía y la operación debe concluir antes de la caída de la noche.

SALDO QUE RECONFORTA

Fernando Hechavarría Pupo, director de la unidad empresarial de base Fuentes Renovables de Energía, de la Empresa Eléctrica Holguín, ha hecho todo el recorrido y ahora comprueba la precisión con que actúa el equipo de Poyato. Frecuentemente contacta con las brigadas contratadas para ejecutar el programa, mediante el cual, dice, en el municipio de Sagua de Tánamo, son instalados progresivamente 148 sistemas fotovoltaicos en viviendas aisladas que no habían tenido acceso por ninguna vía a la electricidad.

La casa de Luis Marino pronto será la número 19 beneficiada en la zona con estos medios autónomos generadores de electricidad en el consejo Popular de Calabaza de Sagua. A primera hora del día, el presidente del Consejo, Benito González Laforte, le ha hablado al directivo sobre las intenciones de varios campesinos de regresar a las viviendas abandonadas en lejanos puntos, si aquellas son incluidas en el Programa. Sería muy bueno, remató entonces el lugareño, porque se recuperarían fincas productoras de café, viandas y frutas.

Fernando toma fotos. Hacen lo mismo los montadores, quienes, en medio de las faenas, con toda racionalidad, registran las secuencias del trabajo. Así lo hicieron durante las instalaciones anteriores. Es un rito para dejar constancia de los combates y festejar las victorias. (Tomado de Granma)