Internet: la adicción cuestionada

La Habana. -Jóvenes, introvertidos y con anteojos, colgados a la pantalla de una computadora durante jornadas enteras es la imagen que tenemos de los adictos a internet, sin descripción aún entre las enfermedades psiquiátricas y que algunos consideran inexistente.

Investigaciones, test y recomendaciones se han ido agolpando en los archivos de más de medio mundo para tratar un problema que algunos igualan con los del alcoholismo y drogas como la cocaína, mientras otros tantos aseguran que, al menos, no existen suficientes evidencias para preocuparse.

Hace apenas 25 años esa dependencia a la red de redes era impensable, pero ahora estar ajeno a ella nos priva de sus innegables ventajas, más allá de discusiones acerca de estar o no a favor del progreso y del desarrollo.

Con la limitación de que no traspasan la descripción de fenómenos en muestras pequeñas, los trabajos que hablan de la dolencia consideran entre los principales factores de riesgo el tiempo que los internautas dedican diariamente a la vida virtual.

Sin embargo, numerosas indagaciones dejan de lado que no todas las personas tienen las mismas obligaciones ni las mismas necesidades de conexión a internet, ya sea por razones de estudio o empleo.

No sería justo, más allá de las diferencias individuales, exigirle a un alumno universitario o un informático dedicar la misma cantidad de horas que otra persona menos relacionada con uno de los inventos más importantes del siglo XX.

Para los preocupados por el uso excesivo de los ordenadores, un adicto es aquel que pierde el control frente al uso racional de la conexión ya sea en la búsqueda de información, el juego o las compras electrónicas.

Para considerar la ciberadicción un asunto patológico debe tenerse en cuenta el nivel de interferencia y de distorsión en la vida personal, familiar y profesional del individuo, asuntos que, como mucho, serían un problema de distribución del tiempo.

Más allá del medio empleado -que en otros casos puede ser la televisión o diversos dispositivos de juego, incluidos los teléfonos móviles- debe tenerse en cuenta que muchos llamados adictos pueden tener enfermedades de base o estados mentales relacionados con la depresión, la soledad o la timidez.

Para aquellos terapeutas que tratan el asunto con consultas mediante la web, el equivalente a llevar alcohólicos anónimos a un bar de copas, llaman a no perder de vista la sensación que puede provocar en las personas apretar un enlace y obtener información o imágenes estimulantes casi al instante.

Antes del surgimiento de internet ya existían conductas como la ludopatía, la cleptomanía (asociado al robo de identidades), el sexo rentado y juegos con alguna predisposición a la violencia. Culpar a la web de tales comportamientos sería un desaguisado contra toda lógica.

En ocasiones algún chico ha muerto después de largas sesiones conectado a la web, pero son muchos más los fallecidos detrás de un automotor, y nadie habla de adicción a los vehículos.

Para otros, simplemente, no es la herramienta, es lo que haces con ella, y en el caso de internet, hoy es imposible sustraerse de ella.(PL)