Mujeres de Santa Cruz del Sur brillan en su día

Puedes estar protegida en el cobertor generoso de la vejez o en el sitio sagrado donde se siembran continuamente tus venerables recuerdos, que una y millones de veces más te levantarás multiplicada en dignidad y esfuerzos. Lo sabes, está confirmado en el corazón humano: nada fructifica sin tu ejemplo mujer santacruceña, cubana genial, héroe cotidiana.

Eres la obra exacta de la estimación, compañera en el sacrificio… Sabes completar las horas de cada día. Cual fortaleza te anuncias desde la oratoria libre.

Muchas plazas hay para poder encontrarte, sobre todo, en ese hogar lleno de hijos, en el que todos los seres queridos te animan, aplauden y aman.

Te mantienes invencible en el surco agrícola, la escuela, los descubrimientos científicos, la vigilancia revolucionaria en las cuadras, donaciones de sangre, apoyando la defensa de la patria, en las misiones internacionalistas de carácter social… A cada segundo vuelves a ser presencia, divisa de la verdad en los lomeríos, comunidades, a la salida del sol, en el horno de carbón próximo a aprovecharse. Le haces falta al presente y el futuro cubano.

Asomas la sencilla belleza entre corales esculpidos. Ahí están esos interminables nombres por los que se te reconoce: Vilma, Fe, Celia, Aideé, Ana, Rosa, Amalia, son tantos… Criolla ungida con salitre y tesón, me impresionan las palmas, los manglares que crecen en lo alto de la marea por sobre la que marchas invariable.

Por allá andas con una bandera cargada de colores azules y blancos. Bate la enseña mostrándole al mundo el triángulo rojo, en su interior: luz intensa, es la estrella a seguir. Eres su brillo.