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[:es]El hombre que tuvo mellizas[:]

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Camagüey, 4 ago.- Ángel Miguel Navarro Florat no imaginó que a los 48 años se convertiría en un hombre muy popular entre la comunidad médica de urólogos de esta ciudad.

«Vine por un dolor y salí del hospital hecho un famoso», dijo sonriente el obrero, vecino del reparto La Guernica, que labora en la Empresa Constructora de Obras y Arquitectura No. 1, de esta localidad.

El intenso dolor que experimentó, junto a una fiebre muy alta, «de esas pegadas que no bajan ni con alcohol», recordó Ángel, movilizó, en el Hospital Universitario Manuel Ascunce Domenech, de Camagüey, a un equipo multidisciplinario de doctores, integrado por urólogos, cirujanos, clínicos, imagenólogos, intensivistas, anestesiólogos y personal de enfermería. Ellos, mientras lo atendían, se cuestionaban si era este un caso común de los muy dolorosos cólicos nefríticos.

Película apta para mayores de edad

Comenzaría así la «película» de Ángel Miguel. «Me ingresaron un 24 de mayo y desde que llegué al hospital me realizaron pruebas de todo tipo, exámenes que nunca imaginé», comentó aún sorprendido.

Los especialistas en Urología Juan Carlos Yip Felipe, Ariel Castro Salas y María Oliva Barroso, además de los residentes Liset González González, Javier Ezequiel Chamblet Castellanos, Edgar Díaz Llaverías, Janier Ramos Reina y Donald Silverio, no descansaron hasta hallar la causa principal de la dolencia del paciente, que le ocasionó lesiones irreversibles.

A Miguel no solo hubo que extirparle el riñón derecho, sino que se le extrajeron de este dos enormes piedras, con forma de asta de venado o coraliforme —coral de mar—, irregulares y mayores de diez centímetros de largo.

«Eran tan grandes, que a una hubo que partirla en tres pedazos para que cupiera en el pomo donde las guardamos de recuerdo», relató Amarilis Ríos, esposa del paciente.

«Los cálculos —aseveró Ángel— crecieron dentro de mí sin molestarme, hasta que me dio un dolor insoportable, que me hizo “ver las estrellas”».

Pero las piedras que le sacaron el pasado ocho de junio a este padre de familia, no fueron lo único exagerado. El órgano que las albergaba semejó un balón de fútbol rugby: pesó más de cinco libras.

Los doctores a cargo de la atención del paciente revelaron a JR que siempre se tuvo la certeza de que el caso era muy complejo, pero nunca imaginaron lo que se encontró en el difícil acto quirúrgico. Incluso, para algunos galenos ese padecimiento era visto por primera vez.

El doctor Javier Ezequiel Chamblet, residente de tercer año de Urología, explicó que Ángel Miguel también evolucionó de un estado de hidronefrosis hacia uno de pionefrosis —infección renal severa caracterizada por la destrucción intensa del parénquima renal (tejido funcional del riñón), con dilatación de las cavidades del órgano, en cuyos interiores se acumula contenido purulento— el cual exigió de un estudio urológico e integral profundo».

Edgar Díaz, residente de primer año de la especialidad, sumó que su estado general tampoco los ayudó. «Era un paciente obeso y que padecía de hipertensión arterial. Hubo que estabilizarle sus condiciones clínicas, para luego intervenirlo sin complicaciones».

Para Liset González González, residente de segundo año, la clínica del paciente les jugó una mala pasada, «porque el comportamiento y evolución de su enfermedad litiásica —formación de piedras en el tracto urinario— se comportó de forma silente, hasta que llega con el dolor al hospital», aseguró.

Epílogo de una cirugía reveladora

Con Ángel Miguel se tomaron precauciones de todo tipo y no se perdió tiempo. Se le realizaron todos los estudios complementarios, que incluyeron tomografía axial computarizada (TAC) —conocida como somatón—, múltiples ultrasonidos, rayos X de tracto urinario simple y análisis sanguíneos, por el temor de que desarrollara una complicación nefasta para su vida. Gracias a estas medidas previas a la cirugía se evitó un triste desenlace.

Durante la práctica médica, la cual duró más de tres horas ininterrumpidas, los galenos agramontinos también se enfrentaron a un riñón muy difícil de extirpar.

El especialista en Urología Juan Carlos Yip Felipe, líder de este equipo multidisciplinario, argumentó que el órgano estaba adherido a la vena cava, al duodeno, músculo psoas y al peritoneo. «Todo ello condujo a sutiles y exquisitas maniobras durante la intervención, que aseguraron la práctica médica».

El riñón extirpado pesaba más de cinco libras.

Subrayó, además, que el riñón de Miguel presentó una gran perinefritis —inflamación de los tejidos que rodean los riñones, con la formación simultánea de pus—, la cual endureció al órgano como una roca impenetrable; muy difícil de separar.

Para el experto Yip Felipe muchas fueron las «sorpresas» en este caso, «pero nos demostró que hay que estar alertas y no confiarnos, porque el paciente no solo padecía de una gran litiasis renal, la cual ocupaba toda la estructura interna del órgano, sino también de una severa uropatía obstructiva, afección en la que el flujo urinario se bloquea, y progresivamente lesiona la unidad funcional del riñón, tal cual le ocurrió al paciente.

«O sea, Miguel estaba a punto de evolucionar hacia una sepsis —enfermedad grave, que ocurre cuando el cuerpo tiene una abrumadora respuesta inmunitaria a una infección bacteriana—, y si el equipo multidisciplinario no hubiese trabajado de manera integral, detallada y profunda, otro sería el desenlace de este caso», aseguró.

Las piedras mellizas del camagüeyano Ángel Miguel Navarro.

Explicó el especialista que la enfermedad litiásica que padecía Miguel posee una alta incidencia en Cuba; y en Camagüey los estudios demuestran que aumenta su prevalencia.

«La litiasis se considera un problema de salud serio, y lamentablemente la población no la asume con la responsabilidad requerida; no posee percepción del riesgo, a pesar de su impacto negativo para la salud humana», agregó.

Hasta el 27 junio pasado, durante más de un mes, el paciente fue atendido de forma ininterrumpida por el grupo multidisciplinario de galenos, integrado además por las enfermeras Yudania Correa y Yamilka Rodríguez, y los licenciados en esta especialidad, Raúl Pomares e Hilda Martínez.

La cirugía tomó más de tres horas. Fotos: Cortesía del equipo de urólogos

Y mientras se recupera de manera favorable, el caso no deja de asombrar a la comunidad médica camagüeyana ni a los curiosos del barrio, quienes lo visitan para conocer a sus nuevas «hijas», las mellizas, como él las nombra.

«Soy un padre enamorado de mi familia, y de mis hijos, Jonathan y Melani, pero a mis cálculos también los quiero, porque a pesar de todo fueron piedras, y no tumores o quistes como se pensó en un inicio.

La grandeza de este país late en las emociones de Ángel Miguel: «Agradezco a la vida y a las manos solidarias de los médicos y enfermeras que permitieron que hiciera mi cuento. Solo recomiendo —subrayó Ángel Miguel— no dejar de un lado la salud, como erróneamente hice yo, y mantener una vida más saludable».[:]