Una vía contra el cambio climático: adaptación

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU llegó a la conclusión de que probablemente el calentamiento de la atmósfera global en los últimos 50 años estimuló el efecto invernadero, debido a los gases de larga vida, sobre todo el anhídrido carbónico o CO2.

Las emanaciones de este tipo obedecen a la propia actividad humana y, en particular, a la quema de los combustibles fósiles en industrias de países desarrollados que promueven un consumo calificado de irracional.
 
Uno de los pronósticos científicos es que posiblemente sean impactados por las transformaciones climáticas algunos ecosistemas como los arrecifes de coral, manglares, pantanos y tundras, sectores de costas bajas y recursos hídricos en los trópicos y regiones específicas, entre ellas las islas pequeñas, el ártico y el continente africano.
  
De modo que ese fenómeno es inequívoco y puede llegar a provocar desastres si no son aplicadas a tiempo medidas anticipadas y de precaución para reducir las vulnerabilidades y contribuir al desarrollo sustentable.
  
En esa dirección, sin embargo, deben de satisfacerse las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para  resolver las suyas, en lo cual la ciencia y la innovación tecnológica pueden generar un progreso sustancial si son apoyados con la necesaria voluntad política.
  
También es imprescindible la cooperación internacional y la aplicación de políticas sociales y económicas apropiadas en la lucha contra los cambios del clima.
  
Ejemplo elocuente es el archipiélago cubano, altamente vulnerable dada su condición insular, situado en la región tropical del planeta e incluso, su clima es hoy más cálido y extremo desde mediados de los años 70 del pasado siglo XX.
  
Solo en las últimas cuatro décadas, el nivel relativo del mar en La Habana ascendió a velocidad de 2,14 milímetros por año, según datos de la estación mareográfica de Siboney,
  
Incluso, la frecuencia de sequías se ha incrementado de manera significativa, sobre todo en las provincias orientales. 
  
Para más desgracias, los eventos de lluvias intensas de la década de los 80 fueron los mayores del pasado siglo; los  brotes de tornados se han vuelto más frecuentes desde 1997 y sobresale la invasión de huracanes de gran intensidad a partir de 2001.
  
Tales problemas ambientales constituyen herencia del período colonial y neoloconial, pero fueron identificados poco después del triunfo de la Revolución en 1959.
  
La actual estrategia para la protección del entorno reconoce que se trata de degradación de los suelos, daños en la cobertura forestal, contaminación, pérdida de biodiversidad biológica y carencia de agua.
  
En consecuencia, el Consejo de Ministros aprobó el programa de enfrentamiento al cambio climático y, desde entonces, la aplicación de la revolución energética o la sustitución de equipos electrodomésticos por otros menos consumidores comenzaron a influir sobre la conducta de la mitigación.
  
Es más, Cuba posee el macroproyecto sobre peligros y vulnerabilidad costera para el período 2050-2100, lo cual constituye paradigma para contrarrestar los efectos adversos de los fenómenos de origen natural. (AIN)