Problemas globales, nunca faltó la razón

Problemas globales, nunca faltó la razónLos seguidores permanentes de la realidad mundial, si son honestos, deben admitir que advertencias y denuncias no faltaron en torno a la actual debacle en la cual vive la humanidad.No es secreto que algunos gustaban hablar tiempo atrás de visiones extremistas, de desusada “ideologización” de los criterios o de simples exageraciones, cuando  Cuba, junto a otros países progresistas del orbe, levantaba su voz para advertir cómo el capitalismo no tiene futuro ni puede ofrecer porvenir seguro al planeta.

Y se trata del análisis que la Isla ha venido desarrollando con pasión y responsabilidad en no pocos foros mundiales.
  
Desde la Asamblea General de la ONU, con la aleccionadora presencia en dos ocasiones del líder de la Revolución cubana Fidel Castro, hasta las Cumbres de los No Alineados, sobre Medio Ambiente o Cooperación Sur-Sur, a la vez que en reuniones de entidades especializadas a todos los niveles, sin olvidar -por supuesto- los foros contra la deuda externa tercermundista realizados en La Habana en la década de 1980, o las más recientes conferencias globales de los ya legendarios movimientos sociales.
  
Lo trascendente de esta persistencia, pese a la no menos continua guerra mediática del enemigo, es que la vida le ha dado plena razón a los planteamientos de la mayor de las Antillas y sus acompañantes en esta lucha.
  
No se trata solo de la destrucción irresponsable del entorno, que pone en la picota la propia existencia de nuestra especie ni del riesgo permanente de guerras y destrucción, incluida la nuclear, la cual pende sobre nuestras cabezas a cuenta de las pujas hegemonistas de los ricos.
  
Hoy por hoy, la tan publicitada imagen de la economía de mercado vencedora, fuerte, inexpugnable e imperturbable, se hizo añicos desde adentro a partir de la crisis que estalló en 2008 en los Estados Unidos, y como la pólvora, se extendió y afecta a buena parte del mundo, en especial a la desvencijada Europa.
  
Así, de aquellos sueños de los viejos dirigentes europeístas de decenios atrás, no queda ni el polvo. El añejo continente pasó por alto las ideas de la personería propia para convertirse en aliado de segunda mano de Washington en todas y cada una de sus correrías, y el titulado “estado de bienestar” quedó enterrado bajo los más aberrantes programas neoliberales.
  
Al menos siete naciones europeas han debido establecer por estos días severos programas de ajuste ante deudas externas impagables, mientras que los propios Estados Unidos enfrenta el grave riesgo del cese en el pago de los compromisos con sus acreedores, porque la ampliación del techo de su débito exterior, superior a los l4 billones de dólares, es una verdadera incógnita.
  
A contrapelo de índices de desempleo que afectan al 10 por ciento de la población económicamente activa, las economías europea y norteamericana, epicentros del capitalismo global, asumen a toda prisa importantes recortes fiscales que ahondan los problemas sociales.
  
Esos "poderosos" gobiernos no repararon minuto alguno en entregar dinero público a manos llenas a los tahures de las bolsas y las finanzas, cuya desenfrenada especulación hizo reventar la economía imperial tres años atrás, y al parecer sin retroceso posible.
  
Tales son las verdades anunciadas y reiteradas por Cuba y el resto del pensamiento revolucionario mundial, realidades que hoy son inocultables e inmanejables por aquellos quienes hablaron con euforia del “fin de la historia” y de la eternización de la sociedad de mercado, con su sarta de exclusiones, desigualdades y explotación. (Por Néstor Núñez, AIN)