Que nadie toque nada, sólo Washington puede tocar

Que nadie toque nada; solo Washington puede tocarEso de “sancionar” a gobiernos no gratos es, sin dudas, una vieja política imperial. Seguramente en ese fólder, la medida de “sanción” más prolongada, obstinada y criminal puesta en marcha por Washington data de los primeros años del triunfo revolucionario del pueblo cubano. El titulado “embargo” económico, financiero y comercial contra la mayor de las Antillas,  que cuenta con el rechazo universal, sigue vigente en el intento de dañar al máximo los esfuerzos de desarrollo económico y social de nuestro país.

Pero la Casa Blanca parece haberse aficionado al juego de las presiones y las disposiciones hostiles. Y de hecho en los últimos años, meses y semanas ha multiplicado sus ínfulas de rector y censor universal.

Contra Irán ha instrumentado sanciones económicas y comerciales por el interés de Teherán de impulsar sus planes en torno al uso pacífico del átomo.

Libia también enfrentó, como antesala a la agresión militar de la OTAN, numerosas medidas coercitivas que se han reforzado con la guerra injerencista liderada por las potencias occidentales.

Siria está abocada también a "sanciones" en medio de la fuerte campaña mediática en torno a la “represión de opositores”.

Y por si fuera poco, ahora Washington decidió sancionar a la industria petrolera venezolana porque Caracas no ha roto sus vínculos comerciales con Teherán.

De hecho, PDVESA, la empresa estatal venezolana de petróleo, que vende la mitad de su producción diaria en el mercado estadounidense, enfrentará posibles trabas en la adquisición de tecnología y créditos en la primera potencia del orbe.

Lo cierto es que la meta gringa no puede ser más repudiable, porque se trata que imponerle a la revolución bolivariana quienes deben o no ser sus amigos y socios, disposición rechazada de plano por el presidente Hugo Chávez y la mayoría de la opinión pública en Venezuela.

Autoridades bolivarianas criticaron de inmediato las pretensiones oficiales norteamericanas y advirtieron que evaluarán el alcance de las medidas restrictivas de esa nación y las posibles respuestas a adoptar.

Pero más allá del curso de esta nueva escalada de hostilidades contra Caracas, radica la arrogancia del poderoso país que se estima regidor de cada una de las naciones y pueblos del planeta.

Por supuesto, que nadie se atreva a demandarle a la Casa Blanca que, por ejemplo, en nombre de los derechos humanos, aplique restricciones de todo tipo al sionismo israelí, a los regímenes autocráticos del Oriente Medio, o a los bandidos y terroristas que impulsan la desestabilización y el caos contra los gobiernos progresistas latinoamericanos.

Como se decía en el programa humorístico cubano, "que nadie toque nada"… Washington es “el único que puede tocar”. (Por Néstor Núñez, AIN)