La América toda siente como suyo el triunfo de Bolivia en las urnas

Con el triunfo en las elecciones del Movimiento al Socialismo (MAS) en Bolivia podríamos citar esa frase martiana, en la cual el Apóstol de la independencia cubana José Martí expresó: “…Es América la taza enorme, hervidero nuevo de las fuerzas del mundo, que llevan a las espaldas unos cuantos héroes y unos cuantos apóstoles, comidos, como de jauría, de todos los egoístas cuyo reposo turba la marcha de la santa legión: la pelea eterna del vientre contra el ala”.

Solamente pasaron 11 meses desde que en octubre del pasado año el presidente Evo Morales fue víctima de la presión del ejército y la policía, en contubernio con las fuerzas opositoras de la derecha reaccionaria y antipopular; lo obligaron a dimitir para apoderarse del gobierno en una de las nuevas modalidades de golpes de Estado.

Anteriormente, Brasil y Honduras conocieron esos mecanismos que se ajustan más a los intereses, en primer lugar, de las oligarquías locales -y por consiguiente- de los intereses imperiales, representados en organizaciones como la OEA, de factura servil al imperio norteamericano.

Sin embargo, el pueblo boliviano se mantuvo firme en su lucha por el poder constitucional, por los derechos de las mayorías, por el sistema democrático, y por recuperar las conquistas obtenidas durante el mandato del expresidente Evo Morales.

La derecha en su desespero, apoyada por el gobierno de facto, desplegó las fuerzas militares, una medida anticonstitucional en medio de los comicios, en un intento de frenar a los bolivianos para presentarse a las urnas a ejercer su voto.

Pero el pueblo sabía que el apoyo al MAS era crucial para derrotar la derecha golpista y pro-imperialista, y marchó pacíficamente con disciplina a refrendar su voto al candidato designado a liderar la organización que representaría a las mayorías.

Hoy se puede hablar de una nueva Bolivia, esa que se levantó de las cenizas que dejó el gobierno de Jeanine Añez para resurgir como ave fénix y reconstruir de nuevo al país que habían logrado reorganizar con el presidente Evo Morales.

Este es el triunfo no solo del pueblo boliviano, también de Latinoamérica, del indio y del mestizo, el negro, el blanco, de los pueblos de habla hispana, anglosajona, indígena, con sus raíces ancestrales, identitarias de una región que vuelve sobre sus pasos a levantar sus brazos contra el gigante de las siete leguas y los hombres sietemesinos, entreguistas y lacayos, para echar a andar y decir basta, para refrendar en su emancipación los sueños de Bolívar, Martí, el Che y Fidel, de convertir las naciones latinoamericanas en la Patria Grande de todos.