Carlos Manfredo llora cuando evoca heroicidad de su madre el 9 de Noviembre de 1932


Santa Cruz del Sur, 5 nov.- La tragedia del  9 de noviembre de 1932 quedó esculpida con muerte y sufrimientos en la remembranza de los sobrevivientes de aquel siniestro día.

De igual manera en las anécdotas descritas por escritores, periodistas e historiadores se significan las lágrimas, la desesperanza, la desolación del pueblo de pescadores, sepultadas bajo las palizadas en que se convirtieron las viviendas, muelles, embarcaciones y edificaciones del comercio del otrora Santa Cruz del Sur.

Carlos Manfredo Couto Pavón se llevó las palmas de sus manos al rostro para tratar de detener los irrefrenables sollozos.

¨Mi madre fue una heroína. En cuanto el alcalde avisó del cercano peligro, ella con siete meses de embarazo de mi hermana Aida, me cargó a mí y tomó de la  mano y a mi hermano Manolín que tenía cinco años. Se fue caminando valientemente hasta el lugar nombrado la reparación donde se encontraba el paradero del tren¨, comentó el entrevistado.

La gente fue concentrándose  en el interior de la sencilla estación. ¨Llegaron muchísimas personas. Al arreciar las rachas de viento algunos decidieron clavar la puerta y ventanas del inmueble.

Pocos minutos después aquello comenzó a traquear. Mamá decidió salir por una ventada aún no clausurada, temiendo el desenlace final si permanecíamos allí más tiempo¨.

La osada lugareña tomó nuevamente a Carlos Manfredo en su regazo, mientras llevaba sujeto a Manolín. ¨Empezamos a avanzar por el centro de la línea del ferrocarril para distanciarnos de la zona de riesgo. De pronto vimos a un vendedor de leche de vaca que se movía en su mula a cumplir el propósito, pero en dirección contraria.

¨El aire aumentó la velocidad en un santiamén, cayendo el animal encima del pobre hombre. Nunca supimos si murió. A la vieja la ventolera le arrancó a Manolín de su lado.

Mamá era católica,  le rogaba a la Virgen de la Caridad le salvara  el hijo, mientras le pedía a ése se aguantara fuerte del raíl. Caminando a duras penas consiguió llegar hasta Manolín. ÉL muy nervioso repetía: ¡Mami, tú me soltaste, tú me soltaste! Nos apretándonos fuerte… lloramos¨, señaló nostálgico Couto Pavón.

Sintiendo mucho frío la desvalida familia se agachó bajo un pequeño arbusto. El Negro Cambra una de las veces que entreabrió  la ventana de su morada, los distinguió.

¨Varios hombres se agarraron unos a otros. El viento y la lluvia no cesaban. Así en esa forma nos llevaron para la apartada casa en la que se habían cobijado varios conocidos, hasta  retirarse el perverso huracán¨.

Este 4 noviembre Carlos Manfredo celebró algo melancólico el 87 cumpleaños. ¨Tenía dos cuando me tocó experimentar en carne propia el terrible suceso. Es la heroicidad de mi madre la que me alienta a seguir viviendo¨, enfatizó el sobreviviente y músico de la banda de concierto local.