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Santacruceña rememora pobreza del pasado: la conformidad no tenía el color de la esperanza

Oct, 2026.- Nanci Rodríguez Tamayo rememoró con pena la pobreza que vivió antes de 1959, junto a su madre y hermanos, en el otrora barrio Llega y Pon, actual comunidad de Jacinto González, en Santa Cruz del Sur.

Vivían, refirió, en un bohío techado de guano, con piso de tierra y forrado de yagua. Los mosquitos y jejenes azotaban a la familia que, como otras, ocupaba espacio en el fangoso playazo.

Quedaron abandonados por el padre dedicado al oficio de estibador de sacos de azúcar. Compartían, incluso, la poca comida en un mismo plato, la progenitora, cinco hermanos, cuatro de ellos, hombres, y la propia entrevistada.

De igual manera, juntaban los cuerpos en los camastros cuando se apagaban los artesanos candiles para despertar en la pesadilla del día a día.

Nanci estudió muy poco, como sus hermanos, en las escuelas públicas de aquella época. Muy escasos eran sus ropas y zapatos, por eso mayormente andaban descalzos para alargarle la vida útil al calzado, que le regalaban personas con mejores posibilidades económicas, gesto que no era muy habitual. La conformidad no tenía para los pobres el color de la esperanza.

La santacruceña Rodríguez Tamayo vio el cielo abierto cuando triunfó la Revolución cubana. El 1ro de enero de 1959 dio oportunidad de estudiar, trabajar, tener derecho a la salud pública y a una casa digna a sus familiares, a ella y demás personas humildes.

Desde ese instante la esperanza mostró el color verde olivo para nunca más regresar al torturante pasado.