Madre, la mejor guía del mundo

Siempre estás en presente, toda bella y cuidadora. Nunca de la forma de procurarte pierde musicalidad.  La necesidad de ti es un canto de llamado, con la acentuación cardinal de cuánto haces falta Madre.

Dichosos hoy los que te tienen y agradecidos eternos aquellos que en sueño o en pensamiento te necesitan para tomar determinaciones o escuchar el consejo pertinente.

Canciones te han dedicado los que ven en ti música, armonía y el ritmo elemental de la vida. Al cantar esos temas autores de ellos se vuelven a la vez los que incluso no hayan dormido y crecido en el interior de tu sagrado vientre.

Mamá, mima, vieja o cualquier otra designación que te de quien te ama, por naturaleza lo mereces, por ser luz natural, protectora inigualable, sacrificada en cualquier tiempo, dedicada en cuerpo y alma.

En la adultez, puede afirmarse, no hay nadie que se atreva a olvidar los regaños educativos, esos tan repetidos que parecían no terminar cuando por inocencia o inmadurez aparecían en el minuto exacto.

Gracias Madre por ser la guía mejor del mundo, la del abrazo más cálido, la de los besos más puros. Tienes hasta el especial don de saber compartir la ternura con hijos, sobrinos y nietos sin dar demás a unos o a otros.

Mamita cuando tus brazos y piernas hayan perdido la fuerza o tu mente esté extraviada en algún espacio del hogar, continuarás siendo la flor que no pierde la esencia, plegaria maravillosa, melodía agradable. Tendrás entonces la leal compañía de quienes no podrán vivir sin amarte.