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Ciencia con raíces en el barro y el asfalto

Camagüey, 21 abr.- En la región agramontina la ciencia es un arado en la tierra roja, un biodigestor en una vaquería, el manual de un técnico para reparar una máquina que ya nadie sabe cómo funciona. La ciencia entre las calles de la otrora villa de Santa María del Puerto del Príncipe es sinónimo de sobrevivencia inteligente.

En momentos en que el bloqueo económico impuesto por el gobierno de Estados Unidos intenta asfixiar cada engranaje de la economía nacional, la provincia de Camagüey entendió que el futuro no espera; y lo hace con un arma poderosa: el conocimiento.

En el centro del sistema brilla el Programa Territorial de Ciencia, Tecnología e Innovación (PTCTI), la gran apuesta del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) para integrar el valor científico a la vida cotidiana, el proyecto busca fortalecer el encadenamiento productivo y elevar los rendimientos agrícolas mediante soluciones contextualizadas.

Uno de sus proyectos insignia, el PT223CM002-002, logró reducir en un 50% el uso de pienso comercial en la producción de camarones mediante la tecnología Biofloc con probióticos. Su implementación no solo optimiza recursos sino que genera un ahorro anual de 500 mil pesos en electricidad;, reduce, además, la huella de carbono en 132 toneladas de CO2 al año. La ciencia de Camagüey, en este caso, se convierte en un faro para la acuicultura sostenible en el país.

Este mismo programa se extiende al campo con el proyecto PT223CM002-003, que impulsa el manejo integrado de la fertilización en el cultivo del arroz. Con la aplicación de abonos organominerales líquidos los rendimientos promedio aumentaron tres toneladas por hectárea, materializándose en la producción y comercialización de 29 mil 574 litros de FERTOMIL por más de 946 mil pesos. Son números que hablan de soberanía alimentaria, de dejar de mirar al mercado externo y confiar en la inventiva propia.

Ciencia con raíces en el barro y el asfalto

La ciencia en Camagüey no solo alimenta el cuerpo, también cuida el planeta. El Centro de Ingeniería Ambiental (CIAC) lidera un proyecto visionario para que las empresas del municipio cabecera transiten hacia la economía circular. La premisa es simple pero revolucionaria: que los residuos de una entidad sean la materia prima de otra. Con el apoyo del Centro de Información y Gestión Tecnológica (CIGET) y de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz se desarrolla un software especializado para gestionar este ecosistema empresarial.

Belkis González Barrios, jefa del proyecto en el CIAC, explica que buscan “conectar diferentes actores para que valoren, a partir del metabolismo propio, cuáles son sus subproductos y cómo esos residuos pueden ser aprovechados por otras organizaciones”.

Por otro lado la casa de altos estudios lugareña hoy consolida ocho programas de innovación y 14 líneas científicas que abarcan desde la soberanía alimentaria hasta la inteligencia artificial. Más de 200 convenios con 28 países conectan a la academia agramontina con el mundo, pero su enfoque está puesto en el barrio, en la fábrica, en el campo.

Allí también se gestan logros de talla nacional. La investigación de la profesora Yulaine Corrales Barrios sobre la tecnología de Bioflóculos le valió a la primera universidad creada por la Revolución cubana el Premio Nacional de Innovación Tecnológica 2025, junto a la de Cienfuegos. Este reconocimiento, en su vigésima sexta edición, es de los más altos del sistema científico en la isla y certifica el nivel de una ciencia aplicada, útil y transformadora.

Ciencia con raíces en el barro y el asfalto

En las aulas y laboratorios el doctor en ciencias Fabián Enrique Wilson González desarrolló un procedimiento para la intensificación industrial bajo el enfoque de economía circular, aplicado en el municipio de Florida. “La propuesta facilita el trabajo de las empresas y el de los decisores, permitiendo una mejor planificación económica”, asegura el investigador.

Fuera de las aulas, en los talleres y las naves industriales, la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR) es otro gran pilar. Con más de diez mil asociados en la provincia esta creación se convierte en una muralla contra la obsolescencia tecnológica.

En la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA) o en la UEB Empacadora Raúl Cepero Bonilla sus miembros se dedican a la sustitución de importaciones, recuperan equipos y fabrican piezas de repuesto donde antes solo había desechos.

Desde el proyecto PT820CM003-008, que vincula la gastronomía sostenible con los hoteles de la región, hasta las alianzas con la Unión de Informáticos para desarrollar el nodo de Inteligencia Artificial co-Lab Camagüey, la ciencia en esta provincia está posicionada.

Los más de 263 investigadores categorizados y 356 doctores en ciencias no son solo cifras, son la garantía de que pase lo que pase esta tierra encontrará soluciones donde otros ven paredes. (Tomado de Radio Cadena Agramonte)

 

Ciencia con raíces en el barro y el asfalto