Ganadería cubana: bastante sostenible pero siente la crisis

Ganadería cubana: bastante sostenible pero siente la crisisEl período especial de la economía cubana, que comenzó a inicios de la pasada década y a mediados de ese lapso tuvo momentos muy críticos, representó una prueba de fuego para quienes laboran día a día en esta rama.
   
Pero esa etapa, de limitadas finanzas para Cuba por la desaparición del campo socialista europeo y de la Unión Soviética y el recrudecimiento del bloqueo estadounidense, constituyó una escuela insuperable para los ganaderos que enfrentaron los retos y salieron adelante.
   
Con un esfuerzo digno de encomio, en medio también de condiciones climáticas adversas, como la severa sequía de 2004 y 2005 y el impacto de intensos huracanes, quienes intervienen en esta actividad fueron dependiendo cada vez menos de recursos importados y llevando la ganadería con la mayor premura posible a la sostenibilidad.
   
Unido al aumento en la producción de leche, principal reflejo de la mejoría y que el 2008 la comercialización con el Estado superó los 400 millones de litros, el sector pecuario emprendió importantes programas de desarrollo, en buena medida a partir de sus propios ingresos.
   
La paulatina reanimación de la economía cubana brinda su aporte en este empeño con fabricaciones que liberan a la ganadería de hacer muchas importaciones.
   
Pero aun así esta rama siente los efectos de la crisis financiera y económica mundial por dos razones mayores.
   
Una de ellas es que Cuba tendrá que disminuir importaciones de algunos recursos necesarios, como materias primas para hacer alambre con púas destinado al acuartonamiento de los pastoreos, de cereales y otros componentes necesarios en la elaboración de piensos para la ganadería lechera y partes y piezas de los molinos de viento.
   
En la ganadería, el alambre es sinónimo de comida para los animales. Si no hay acuartonamiento las reses pastan libremente y no permiten la recuperación de la hierba, y con ello reducen su potencial nutritivo.
   
El caso de los piensos es diferente y se basa en dos cuestiones de peso.
   
Si bien los principales componentes empleados como materias primas, harina de soya y maíz amarillo, son importados y mantienen un precio más o menos estable, pero alto, en el mercado internacional (alrededor de 440 dólares la tonelada de la soya y entre 230 y 300 la de maíz), el problema está en las limitadas finanzas de Cuba para hacerle frente como se requiere a esta inversión.
   
No puede dejarse a un lado el bloqueo de Estados Unidos. Aunque en los últimos años Cuba compra en este país algunas cantidades de pienso, lo hace en condiciones de comercio muy duras, pues tiene que pagar en efectivo antes de que las cargas sean transportadas.
   
Otro efecto de la crisis económica se manifiesta en que será necesario detener o reducir la ejecución, entre otros programas, de un conveniente proyecto de ubicar en vaquerías tanques refrigerantes para conservar la leche, lo cual ayuda a mantener en buen estado el alimento durante más tiempo y a la vez gastar menos combustible en la transportación en camiones.
   
No son estos los únicos problemas que incidirán en la ganadería cubana por la abarcadora crisis económica, de la que los países tercermundistas no tienen responsabilidad alguna, pero pagan por la irresponsabilidad de las naciones industrializadas.
   
Los ganaderos cubanos, acostumbrados por la necesidad a realizar su trabajo y desarrollarse en medio de difíciles condiciones, se enfrentan ahora a otro período de tensión, con el empeño de elevar la producción de leche y de carne por vías sostenibles y con los recursos disponibles. (Por Lucilo Tejera Díaz/Servicio Especial de la AIN)