La alborada del 26 de Julio en Bayamo

La alborada del 26 de Julio en BayamoAcostumbrado, desde hace siglos, a vivir jornadas estremecedoras, el pueblo de la ciudad cubana de Bayamo acogió con audacia, patriotismo y solidaridad los acontecimientos del 26 de julio de 1953.

Ese día, con los ataques contra los cuartales Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de la cuna del Himno Nacional, un grupo de jóvenes patriotas liderados por Fidel Castro, inauguraba la última etapa de luchas por la liberación nacional.

Según ha dicho el Comandante en Jefe, el intento de tomar el principal bastión de Bayamo pretendía ubicar las avanzadas del movimiento liberador en las riberas del río Cauto, el más largo de la Isla, para impedir que tropas de Holguín y Manzanillo pudieran auxiliar a sus homólogas de la Ciudad Heroica.

La elección de la Ciudad Antorcha tuvo en cuenta su historia como centro de la región donde comenzó a madurar la nacionalidad cubana, cuna del Padre de la Patria (Carlos Manuel de Céspedes), el Himno Nacional y la conspiración iniciadora de las guerras por la independencia, además de protagonista del impar incendio de la urbe por sus moradores.

No existen precisiones en cuanto a la cifra, pero acuciosos investigadores estiman que por el hospedaje Gran Casino, el 25 de julio, pasaron 27 jóvenes, quienes estuvieron enrolados en el intento, aunque finalmente solo 21 intervendrían en el ataque.

Esa noche, de paso hacia Santiago, Fidel conversó con Raúl Martínez Ararás, jefe del comando encargado de la acción, y con Antonio (Ñico) López, Gerardo Pérez-Puelles, Orlando Castro y Pedro Celestino Aguilera, jefes de grupos. Se sincronizaron los relojes.

Una de las variantes del plan de asalto consistía en tomar por sorpresa el cuartel, la estación de la Policía Nacional y la emisora de radio, además de asegurar la protección de los bancos.

Posesionados de esos lugares, Pedro Celestino Aguilera González y Ramiro Sánchez Domínguez, buscarían dinamita, previamente preparada en las minas de Charco Redondo, del aledaño municipio de Jiguaní, para destruir puentes cercanos a Bayamo.

Los hermanos Raúl y Mario Martínez Ararás, vestidos de militares, debían llegar a la puerta principal del cuartel junto al bayamés Elio Rosette, muy conocido en la institución; desarmar a la posta y con ayuda de los otros realizar similar acción a la guardia del fondo; por ahí entrarían los demás para ocupar el recinto sin disparos, o con la menor cantidad posible de estos.

Sin embargo, aquella tarde Rosette pidió permiso, fue a ver la familia y no regresó al Gran Casino, debido a lo cual se decidió que todos los combatientes intentarían penetrar por el fondo del cuartel.

En realidad, uno de los jóvenes tropezó con latas vacías, lo cual provocó ladridos de un perro, trotes en los caballos y la voz de "¡alto!" del vigilante.

Los revolucionarios contestaron con disparos, comenzó el desigual tiroteo por la potencia de las armas de los militares y duró alrededor de media hora, según estiman algunos estudiosos y testigos.

Al considerar fracasada la acción, se dio la orden de retirada y empezó la dispersión en diversos grupos.

Expectantes, algunos ciudadanos estaban frente a la cafetería Calás, a dos cuadras del cuartel, cuando llegaron los combatientes Gregorio Enrique Cámara y Orlando Castro y dijeron: "Levántate, pueblo, vamos a tumbar la rata".

Juan Olazábal, luchador contra la tiranía de Gerardo Machado, habló con los jóvenes, se unió a ellos, le dieron una pistola 45 y los acompañó rumbo al cuartel, pero apreciaron que había fracasado el ataque y el veterano los ayudó a escapar.

Olazábal y su esposa, Dorca Verdecia, también auxiliaron a Adalberto Ruanes Álvarez y sacaron del Gran Casino ropas, documentos y otras pertenencias de los asaltantes.

En el ataque fue herido Gerardo Pérez-Puelles, pero la tiranía asesinó luego a José Testa Zaragoza, Rafael Freyre Torres, Lázaro Hernández Arroyo, Pablo Agüero Guedes, Hugo Camejo Valdés, Pedro Véliz Hernández, Rolando San Román de las LLamas, Angelo Guerra Díaz, Mario Martínez Ararás y Luciano González Camejo.

Especialistas afirman que siete de los asesinados habían intervenido en el asalto, y tres estaban entre los seis quienes se apartaron de la empresa antes de la acción.

Andrés García Díaz escapó milagrosamente cuando criminales uniformados dejaron su cuerpo, creyéndolo muerto, junto a los cadáveres de Hugo Camejo y Pedro Véliz. Pudo alejarse del lugar, recibir ayuda y presentar testimonio impactante en el juicio posterior a los hechos.

Los jóvenes que quedaron vivos tras el asalto recibieron el apoyo valiente y desinteresado de vecinos de la actual provincia de Granma, como Juan Olazábal, Dorca Verdecia, Idelisa Marens, Elvira Morán, José Collada, Roque Vázquez, Bernardo Amaya, Bélgica González y Dolores Tamayo.

También colaboraron Georgina Guerra, Quintín Carbonell, Luis Jerez, Luis Garcés, Denis Verdecia, Rey Fernández, José Desiderio Corona, Antonio Verdecia, Fernando Viñas, Estilita Pardo, Adalberto Boada, William Rodríguez, Mario Tornees, Vicente Quesada y Rafael Corrales.

De los asaltantes al cuartel Céspedes, hoy viven en Cuba Agustín Díaz Cartaya y Ramiro Sánchez Domínguez.

La patria de José Martí, el autor intelectual de la gesta del 26 de Julio, rinde tributo a los héroes y mártires que aquella gloriosa mañana, mediante el esfuerzo permanente para construir y perfeccionar una sociedad “con todos y para el bien de todos”. (Martín Corona Jerez, AIN)