Festival habanero, un romance sin tregua con el cine

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Escrito por Anubis Galardy   
sábado, 04 de diciembre de 2010
04 de diciembre de 2010, 09:41Por Anubis Galardy

Imagen activaLa Habana, 4 dic (PL) Los cubanos reanudaron su largo romance con el cine, esperado con ansiedad durante 11 meses interminables para algunos, y resarcido con creces cada inicio de diciembre.
Chile y Argentina miden sus cartas en certamen habanero
  Las cercanías, comenta el meteorólogo Eduardo Pérez -filosofando a su manera con palabras de Alfonso Reyes-, nos curan de las lejanías. Mientras más lejos más cerca, reza un refrán popular cubano, corolario que sella con anillo de oro esa percepción suya.

Desde horas antes de la apertura oficial de la muestra-certamen, el jueves último, había colas a la entrada de los cines, comentó a Prensa Latina, y el puede dar fe de ello, pues el recorrido del trabajo a su casa lo hace cada día en las rutas habaneras con paradas oficiales en varias zonas de de la Calle 23, la Rampa cotidiana, que muchos conocen aquí como la Avenida de los festivales.

Basta echar una ojeada a la cartelera de una muestra-certamen que avanza con 515 cintas a bordo, de ellas 122 en concurso, para entender las razones de esa pasión que el presidente del festival, Alfredo Guevara, califica de demencial, bromeando con un regusto gozoso.

Hay que estar locos, repite cada diciembre, para ver cinco o seis películas en un día, con breves intervalos para las necesidades básicas, y llevar estadísticas personales para competir con el vecino o el espectador que ocupa el lugar delantero o le sigue detrás en la cola. Y es que, al margen del concurso oficial, funciona otro concurso no menos importante aunque sin jurado que dictamine a quienes corresponde el primer, segundo o tercer Corales, quiénes son los ganadores.

La propuesta de este 2010 trae consiga secciones capaces de satisfacer todas las apetencias, como las agrupadas bajo el acápite Latinoamérica en perspectiva, que permite seguirle el rastro y los rumbos a lo producido en la región en 2010 y 2009; la sección Informativa documental y las muestras europeas (Alemania, España, Italia, Reino Unido y Polonia).

Junto a estas últimas, un abanico internacional múltiple cuyo varillaje lo aportan nueve cintas de países disímiles como Egipto y la India -y su boyante Bollywood-, Francia, Finlandia, Irán y Noruega.

Como novedades, en un festival siempre en movimiento, un ciclo de ese cine fantástico y de horror surgido en los últimos años, con raíces en Argentina y brotes en México y Costa Rica, proponiendo acercamientos distantes de los patrones comerciales vacuos, sensacionalistas, diseñados por Hollywood para jugar a la ruleta con las emociones primarias del ser humano

Otra iniciativa digna de agradecer es la brecha abierta a un cine experimental, de vanguardia, con tema inquietantes en el género documental y el de ficción.

Argentina de igual modo va a la cabeza en esta parcela, lo cual es explicable si se tiene en cuenta una tradición literaria que enriquecen escritores como Julio Cortázar, pródiga en esos cortes a la realidad de todos los días, tras la cual late otra realidad cautiva, que de pronto emerge a la superficie.

Un buen ejemplo es el documental de Eleonara Menutti, Detrás del muro, con las huellas del pasado corporizadas en las personas que habitaron los espacios de violencia y dolor de una historia siniestra, recién trascendida. Como la del ex centro clandestino de detención y tortura Club Atlético.

Un pasado que se materializa para interactuar con el presente.

Otro filme ilustrativo, en una dimensión más fantástica, lo es Las instancias del vértigo, de Paolo Buontempo, que transcurre en la piesta de un hipódromo desierto, entrevisto desde una ventana, mientras en la pantalla de los televisores asoma una visión de ese mismo hipódromo, desde una realidad virtual paralela, con jinetes que cabalgan jugándose el alma en una velocidad suicida.

La cartelera del festival es vasta y rebasa los límites de una reseña periodística como también los 10 días en que los cinéfilos cubanos casi no duermen para perderse en el mar infinito de las imágenes que desbordan la isla y navegar en él a brazadas.

Son los riesgos del amor y la pasión de todo romance, sobre todo de ese romance sin tregua de los cubanos con el cine, nunca saciado, siempre en lontananza.

Festival habanero, un romance sin tregua con el cine La Habana, 4 dic. – Los cubanos reanudaron su largo romance con el cine, esperado con ansiedad durante 11 meses interminables para algunos, y resarcido con creces cada inicio de diciembre.

Las cercanías, comenta el meteorólogo Eduardo Pérez -filosofando a su manera con palabras de Alfonso Reyes-, nos curan de las lejanías. Mientras más lejos más cerca, reza un refrán popular cubano, corolario que sella con anillo de oro esa percepción suya.

Desde horas antes de la apertura oficial de la muestra-certamen, el jueves último, había colas a la entrada de los cines, comentó a Prensa Latina, y el puede dar fe de ello, pues el recorrido del trabajo a su casa lo hace cada día en las rutas habaneras con paradas oficiales en varias zonas de de la Calle 23, la Rampa cotidiana, que muchos conocen aquí como la Avenida de los festivales.

Basta echar una ojeada a la cartelera de una muestra-certamen que avanza con 515 cintas a bordo, de ellas 122 en concurso, para entender las razones de esa pasión que el presidente del festival, Alfredo Guevara, califica de demencial, bromeando con un regusto gozoso.

Hay que estar locos, repite cada diciembre, para ver cinco o seis películas en un día, con breves intervalos para las necesidades básicas, y llevar estadísticas personales para competir con el vecino o el espectador que ocupa el lugar delantero o le sigue detrás en la cola. Y es que, al margen del concurso oficial, funciona otro concurso no menos importante aunque sin jurado que dictamine a quienes corresponde el primer, segundo o tercer Corales, quiénes son los ganadores.

La propuesta de este 2010 trae consiga secciones capaces de satisfacer todas las apetencias, como las agrupadas bajo el acápite Latinoamérica en perspectiva, que permite seguirle el rastro y los rumbos a lo producido en la región en 2010 y 2009; la sección Informativa documental y las muestras europeas (Alemania, España, Italia, Reino Unido y Polonia).

Junto a estas últimas, un abanico internacional múltiple cuyo varillaje lo aportan nueve cintas de países disímiles como Egipto y la India -y su boyante Bollywood-, Francia, Finlandia, Irán y Noruega.

Como novedades, en un festival siempre en movimiento, un ciclo de ese cine fantástico y de horror surgido en los últimos años, con raíces en Argentina y brotes en México y Costa Rica, proponiendo acercamientos distantes de los patrones comerciales vacuos, sensacionalistas, diseñados por Hollywood para jugar a la ruleta con las emociones primarias del ser humano

Otra iniciativa digna de agradecer es la brecha abierta a un cine experimental, de vanguardia, con tema inquietantes en el género documental y el de ficción.

Argentina de igual modo va a la cabeza en esta parcela, lo cual es explicable si se tiene en cuenta una tradición literaria que enriquecen escritores como Julio Cortázar, pródiga en esos cortes a la realidad de todos los días, tras la cual late otra realidad cautiva, que de pronto emerge a la superficie.

Un buen ejemplo es el documental de Eleonara Menutti, Detrás del muro, con las huellas del pasado corporizadas en las personas que habitaron los espacios de violencia y dolor de una historia siniestra, recién trascendida. Como la del ex centro clandestino de detención y tortura Club Atlético.

Un pasado que se materializa para interactuar con el presente.

Otro filme ilustrativo, en una dimensión más fantástica, lo es Las instancias del vértigo, de Paolo Buontempo, que transcurre en la piesta de un hipódromo desierto, entrevisto desde una ventana, mientras en la pantalla de los televisores asoma una visión de ese mismo hipódromo, desde una realidad virtual paralela, con jinetes que cabalgan jugándose el alma en una velocidad suicida.

La cartelera del festival es vasta y rebasa los límites de una reseña periodística como también los 10 días en que los cinéfilos cubanos casi no duermen para perderse en el mar infinito de las imágenes que desbordan la isla y navegar en él a brazadas.

Son los riesgos del amor y la pasión de todo romance, sobre todo de ese romance sin tregua de los cubanos con el cine, nunca saciado, siempre en lontananza.(PL)