Haití busca la normalidad pero priman las secuelas del sismo

Haití busca la normalidad pero priman las secuelas del sismoPuerto Príncipe, 13 mar .- Dos meses después del terremoto que destruyó esta capital y otras ciudades cercanas, Haití intenta regresar poco a poco a la normalidad, pero pasarán años antes de que todo vuelva a ser como antes de aquella tarde fatídica del 12 de enero.

Convencidos de que la vida debe continuar, los haitianos se aferran cada mañana a sus labores habituales, sin olvidar que el sismo se llevó para siempre a 230 mil personas y dejó más de 300 mil heridos y más de un millón sin techo.

Unos abren cada mañana sus habituales puestos de venta de frutas, viandas, hierbas o comidas rápidas, mientras otros merodean por la urbe destruida en busca de un empleo con el cual ganar el dinero necesario para sostener a la familia, o a ellos mismos.

Algunos vuelven a aferrarse a sus teléfonos móviles, pero la mayoría los olvidó para siempre, conscientes de que hay cosas mucho más importantes por resolver, entre ellas una cubierta con la cual protegerse durante la temporada de lluvias, casi inminente.

Por ahora, a través de la ayuda internacional, miles de familias recibieron tiendas de campaña para protegerse, pero todavía no satisface la inmensa demanda y muchos hombres y mujeres deambulan por la ciudad en busca de madera, latón o nylon con el cual levantarse un techo ocasional, aunque demasiado frágil.

Casi todos los parques de la capital, los estadios de fútbol o de cualquier otro deporte están abarrotados de personas, las cuales viven en situaciones muy precarias, casi siempre sin agua, electricidad o un sistema sanitario que garantice la no proliferación de las epidemias.

Sin embargo, más que las lluvias, a los haitianos comunes, y también a las autoridades, les preocupa la llegada de la temporada ciclónica, la cual comienza el 1 de junio, porque en ninguno de los asentamientos ocasionales hay condiciones para resistir la fuerza de los vientos de un huracán.

Unos días atrás, el representante especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Haití, Edmond Mulet, advirtió que pese a los esfuerzos de la comunidad internacional, miles de haitianos quedarán desprotegidos durante la próxima temporada ciclónica.

"No seremos capaces de proveer viviendas sólidas y estables, hay que reconocerlo, ni un techo seguro para todos los haitianos que lo necesitan", comentó Mulet, jefe de la Misión de Estabilización de la ONU en Haití (MINUSTAH).

Hasta ahora, en Haití se entregaron 200 mil tiendas de campaña y la cifra pudiera llegar a 240 mil en unos días, pero esos refugios serán demasiado endebles para lidiar contra los ciclones tropicales.

El funcionario de la ONU tiene conciencia de que podrán soportar la lluvia, pero no los fuertes vientos que arrastran los meteoros, una de las causas por las cuales comenzarán la edificación de estructuras de metal en medio de los campos de refugiados, pero sin especificar si cada uno de los más de 900 campamentos contarán con las mismas.

Por otra parte, el curso escolar no tiene fecha fija de reinicio y aunque en un principio se estableció el mes de abril para el comienzo de las actividades docentes, en Puerto Príncipe será poco menos que imposible porque la mayoría de las escuelas fueron destruidas y otras sufrieron daños demasiado severos.

Por el momento, los infantes también forman parte del ejército de merodeadores que permanecen en la calle de la mañana a la noche, y hasta el ministro de Educación, Joel Derosiers, reconoce que será difícil devolverlos a las aulas, cuando las condiciones mínimas sean creadas.

Algunos, los mayorcitos, se dedican junto a algunos adultos a extraerle el acero al concreto, una de las labores habituales para los haitianos en estos días, en los cuales el trabajo escasea.

Lo cierto: dos meses después, Puerto Príncipe exhibe aún un panorama aterrador, con miles de construcciones a medio destruir o a punto de rodar por las laderas de las montañas y otras en espera de alguien que se encargue de convertirlas en escombros.

Entre esas edificaciones se cuentan algunas de las más importantes del país, como el Palacio Nacional, destruido por el sismo y aún pendiente de que alguien determine lo que se hará con él. (PL)