Movimiento clandestino dio respuesta por qué luchar a combatiente santacruceño

Santa Cruz del Sur, 18 jul.- Cuando el padre consideró que había llegado el momento de hablarles sin rodeos a sus dos hijos varones, esperó la oportunidad. El tema a tratar requería prudencia máxima.

“Al retirarse los obreros agrícolas ese día de los cortes de caña papá nos pidió conversar con mi hermano Joaquín y conmigo. Al mirarnos ambos sin decir una palabra, llegamos a la conclusión de no haber cometido ninguna falta. Lo peor era adelantarse a los bueyes. Algo temerosos nos acercamos a él en medio de los plantones del cañaveral.”

Fidencio, el guajiro pobre le puso sus deformadas manos a la prole sobre los hombros. “Nos dijo que el pertenecía al Movimiento 26 de Julio (M-26-7). Explicó algunas cosas sobre su importancia. Seguidamente nos informó sobre nuestra incorporación a esa forma de lucha: Ustedes saben la situación que tiene Cuba, nos refirió casi en susurro.”

En La Clarita, colonia del central Macareño (otrora Haití) de esta localidad, mucha gente humilde se levantaba de la forma que la Isla humillada pedía.

Ángel Rivero García hizo el primer contacto acompañado de Joaquín en la casa de Pancho Rosales, vecino de la zona de Carbonel, sitio rural enclavado en el camino hacia la comunidad santacruceña de Arroyo Blanco.

“Nos dieron las primeras instrucciones, manifestó. Debíamos cumplir las misiones sin preguntar nada. Recuerdo algunos de los campesinos que quisieron colaborar entregando armas. Llevábamos a distintos lugares paquetes sin saber su contenido como Las 27, Macuto, La Cubita. Ser discretos era lo fundamental.”

Sin esperar mucho tiempo, los Rivero García quisieron alzarse. “Partimos hacia Arroyo Blanco, hicimos contactos con la gente del Movimiento, a fin de que nos pusieran un guía y lograr el propósito. Pudimos unirnos a la tropita de Tito. La primera acción donde participé fue incendiar el puente de madera de ese poblado pero no cogió candela. Se nos explicó después que no resultaba estratégico hacerlo en ese momento”.

Al abandonar el jefe la escasa fuerza, los escopeteros temieron una traición. “Joaquín y yo acompañados de tres compañeros más decidimos partir hacia la Sierra Maestra a como diera lugar. Cuidarnos era esencial por eso caminábamos de noche. De día dormíamos en medio de los cañaverales o en el monte firme.”

En Sitio Viejo, perteneciente al central Francisco (hoy Amancio Rodríguez) se tropiezan con la tropa rebelde dirigida por el Abuelo. “Así le decían a ese experimentado hombre. Nos dio a los recién llegados algunas clases teóricas sobre la lucha guerrillera. Las aprendimos bien. Sirvió de mucho”, acotó.

Fue este cabecilla, que llevaba igual dirección, el que los llevó hasta las cercanías de Manzanillo. “Acampamos en una vaquería. Casi a media noche alguien informó sobre el avance de una Columna hacia el área donde nos encontrábamos. A las cuatro de la madrugada llegó desde la Sierra la número 13 nombrada Ignacio Agramonte, conducida por el Comandante Víctor Mora. Los abrazos parecían interminables. Eso ocurrió a finales de agosto o principios de septiembre de 1958”.

Tras descansar las horas imprescindibles los barbudos continuaron el avance hacia Camagüey. Joaquín, Ángel y sus camaradas habían sido aceptados. A los nuevos miembros de la columna se les elevó la autoestima insurrecta “Éramos muy jóvenes, sin embargo, comprendíamos la importancia del camino tomado”.

Al acampar la 13 en los montes de San Miguel entre los predios de los centrales Francisco y Macareño, a los hijos de Fidencio se les ordena situarse en la escuadra del Primer Teniente Nené Briñones. Tras conocer la dictadura la presencia de la fuerza recién acampada es ametrallada por una avioneta, en dos oportunidades. Los de la “Ignacio Agramonte” les respondieron con nutrido fuego.

El triunfo esperado lo confirma Radio Rebelde. “Batista se había ido. Al llegar algunos de nosotros al cuartel del batey Macareño, ya había sido tomado por otra tropa enviada por Fidel. Numerosas tareas deberían cumplirse sin perder un minuto. El Comandante en Jefe pidió a los combatientes de todas las columnas mantener la victoria y superarse culturalmente. La Revolución requería de hombres bien preparados”.

“Cuando aprendí a escribir la a, este guajiro que no sabía poner la o con un tubo, se sintió universitario”, expuso sonriéndose el entrevistado. “Gracias al imborrable máximo líder pude pertenecer a la Policía Nacional Revolucionaria, estudiar, ser mejor. Nunca haremos concesiones al enemigo. Conseguir el anhelado deseo le costó la vida a mucha gente valiosa. Este triunfo no se perderá porque le pertenece al pueblo de Cuba, únicamente”.