Combatiente santacruceño permanece fiel a la Revolución

Santa Cruz del Sur, 2 mar.- El combatiente de la lucha contra bandidos conserva en su corazón aquella etapa de la juventud en que por voluntad propia se convirtió en miliciano. Sentado en uno de los balances de la sala del hogar donde reside con su esposa, comenta apacible la decisión tomada a los 18 años.

“Quise pertenecer a las Milicias Nacionales Revolucionarias para salvaguardar el triunfo del pueblo cubano guiado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz”, puntualizó Raúl Rosendo Matos Lastre (Papi).

Entre sorbos de café recién colado el vecino de Jagua Tres en este municipio, expresó emocionado haber integrado el batallón 404 de Camagüey. “Me designaron Cabo de escuadra”. Después de efectuar inminente preparación militar salieron a cumplir las operaciones encomendadas.

“Anduvimos registrando cada palmo de los montes de San Miguel, histórico lugar donde radicó la comandancia de la columna rebelde número 11 Cándido González. Había certeza de que por allí había un grupo de bandidos alzados. Similar tarea ejecutamos en la playita El Habanero del central Elia (hoy Colombia) de la provincia Las Tunas”.

Sin terminar los recorridos por esa última área, “fuimos relevados por otros camaradas”. El 404 partió en camiones para la zona montañosa del Escambray. “Era necesario anular las bandas contrarrevolucionarias financiadas por Estados Unidos. Andaban sembrando el terror entre los campesinos. Asesinaban a cualquier guajiro para hacerse respetar. A la justicia soberana le rindieron cuentas esos criminales”, atestiguó Matos.

De noche o por las madrugadas los milicianos agramontinos se movían sigilosos por el rudo paraje. “Cuando se obtenía certera información de los lugares por los cuales andaban esos cubanos infieles, cada grupo de milicianos definía sus objetivos para poder asestar sin contratiempos los golpes de metralla.

“Mientras varios compañeros llevaban a cabo los peines otros nos manteníamos en la defensa del cerco. En cuanto empezaba el tiroteo debíamos resguardarnos en las posiciones fijadas porque las balas silbaban peligrosas sobre nuestras cabezas. Lo importante era combatir pero causándole la mayor cantidad de bajas al enemigo. Varios de ellos fueron capturados vivos”.

La Crisis de Octubre o de los Misiles puso en alerta a los milicianos en el Escambray. “Nos atrincheramos en espera de lo peor. Tras solucionarse el conflicto, sin dejar de brillar la inclaudicable firmeza de Fidel, bajamos de las lomas. Muchos camaradas de filas nos desmovilizamos”, evocó.

Raúl Rosendo se reincorporó a los ajetreos de la agricultura cañera como obrero agrícola, después fue comprometido chofer en numerosas zafras, trasladando la gramínea al basculador del otrora ingenio Macareño, que estuvo enclavado en la actual comunidad santacruceña de Haití.

Por el valiente desempeño en la limpia de las desleales bandas, ostenta la medalla otorgada por el Consejo de Estado de esta isla, también recibió la distinción Jesús Suárez Gayol del Sindicato Nacional de Trabajadores Azucareros. “Sigo convocado por el color verde olivo”, afirmó categórico.