Pineda Barnet: un filme guardado con envoltura de spaguettis

Luego de más de 40 años, Enrique Pineda Barnet se sorprendió cuando lo llamaron desde el museo Reina Sofía, de la capital madrileña, para preguntarle sobre el paradero de su primer filme Cosmorama. Osbel Suárez, curador de la muestra Lo (s) Cinético (s) en esa instalación, pretendía incluirlo en la exposición que reivindicaba el desarrollo del arte cinético y las vanguardias plásticas del siglo XX en América Latina, pero el cineasta no podía decirle dónde estaba, pues él no guardaba películas de 35 milímetros.

El sitio y las condiciones donde se encontraba el rollo de la obra, considerada hoy precursora de esa manifestación artística y del videoarte en Cuba, dio título a un documental que se exhibirá en el próximo Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana: En un paquete de spaguettis.

Como afrenta a la desmemoria, Eliécer Jiménez Almeida, estudiante de Periodismo de la Universidad de Camagüey y director y guionista de la pieza, patentiza en ella el reconocimiento obviado en 1963 a Cosmorama, en su estreno y única presentación hasta el 2007, cuando fue rescatada. 

El cortometraje surgió a partir de una idea de Pineda Barnet de llevar al cine las imágenes móviles que creaba Sandú Darié, uno de los artistas cubanos presentes actualmente en la exposición del Reina Sofía, y se exhibió en la Cinemateca de Cuba con muy poco público, comentó Jiménez Almeida.

Un paquete de spaguettis era el envoltorio donde durmió Cosmorama, en el sótano del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) en la capital del país, hasta la curaduría de Osbel Suárez, que la situó en un stand permanente de la exposición Lo (s) Cinético (s).

La película se encontraba en perfectas condiciones y apenas necesitó un poco de limpieza, señaló el director del documental, razón por la cual Pineda Barnet, en la entrevista concedida al realizador, manifestó jocosamente que era bueno guardar el celuloide en ese tipo de envoltura.

En aquel momento ninguno de los involucrados en la realización pensó en convertirse en precursor del videoarte, pues fue apenas una experimentación entre amigos, con una película Orwo cortesía de Alfredo Guevara, presidente del ICAIC en ese entonces, precisó el también director de La Bella del Alhambra.

La experiencia de Pineda Barnet y Cosmorama surtió un efecto de identificación en el joven creador camagüeyano, quien se estrena en la lid más importante del cine en Cuba.

Su interés artístico es reflejar la realidad con una óptica capaz de ver un poco más allá de la superficie, y aspira, por supuesto, a que su obra, a pesar de las supuestas virtudes de la conservación en naylon de pastas italianas, nunca corra la suerte inicial de Cosmorama. (Por Lianet Leandro López, AIN)