Médicos de corazón

En mi barrio viven tres médicos, dos en activo y una jubilada, aunque no retirada. Ellos siempre están prestos a recibir a quien requiera de sus servicios. Dudas, dolencias, consejos, auxilios urgentes, cualquier ayuda que necesite la opinión especializada de un galeno, Carmen, Leo y Tomás, siempre están dispuestos a dar la atención requerida.

 

No hace falta la previa consulta, el protocolo tácito necesario para que atiendan a las personas que acuden a ellos, lo mismo en la calle, sus hogares, los establecimientos comerciales, o cualquier otro lugar; su disposición siempre es ayudar.

 

Tampoco escogen a quienes atender por su estrato social, por sus bienes materiales, por su raza o religión. Porque personas como Carmen, Leo y Tomás, son médicos de corazón, estudiaron la medicina bajo los preceptos de los ideales más nobles de toda una rica historia de galenos ilustres como Carlos Juan Finlay, Joaquín Albarrán, Tomás Romay, Vicente Antonio de Castro y Bermúdez, Laura Martínez de Carvajal, y tantos otros que se erigen como figuras cimeras que dejaron su impronta dentro de las ciencias médicas cubanas, y trascendieron más allá de las fronteras, para poner en alto la medicina de la isla, como una disciplina humanista y de amor al prójimo.

 

Ellos, nuestros médicos vecinos, como todos los galenos cubanos, hoy siguen al servicio de los pobladores locales, con mucho mayor empeño en esta etapa difícil, donde la pandemia del coronavirus se cierne sobre el mundo.

 

Su labor cotidiana se hace más extensa, con jornadas agotadoras, que no les deja tiempo a tomar un respiro, sin embargo, ellos siempre dedican un espacio del descanso para los pacientes que llegan a deshora, fuera de consulta, imprevistos.

 

Esos son nuestros médicos cubanos. Porque a pesar de que los galenos cubanos han sido vilipendiados por inconformes, apóstatas, enemigos y todo el entramado mediático que pone en tela de juicio la labor y propósitos humanistas de los médicos locales, cuentan con una hoja de servicio a la humanidad inconmensurablemente rica y hermosa, participando en asistencia y ayuda humanitaria en casi todos los países del planeta.

 

Tales acciones de amor y profesionalismo prestigian  a los galenos cubanos donde quiera que prestan servicios.

En mi barrio viven tres médicos. Carmen, Leo y Tomás, siempre están prestos a dar la atención requerida. El barrio se siente orgulloso de ellos, porque hacen honor al juramento hipocrático, y a los preceptos de la medicina cubana de prevenir, curar, y ayudar siempre a los necesitados.