Conmemoran aniversario 60 de la Academia de Ciencias de Cuba

Académicos titulares, científicos e historiadores de la ciencia cubana se reunieron este viernes en la sede de la Academia de Ciencias de Cuba, en La Habana Vieja, en una sesión en la que se conmemoró el aniversario 60 de la institución, se recordaron hitos que marcaron su historia, sus innovadoras proyecciones y la impronta de su primer presidente (1962-1972), Antonio Núñez Jiménez.

El doctor en Ciencias Médicas Luis Velázquez Pérez, presidente de la ACC, destacó que la nueva Academia de Ciencias de Cuba, fundada en 1962, fue la primera institución científica multidisciplinaria del país.

Había sido precedida por la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana (1861), luego Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana durante la República.

“Núñez Jiménez tuvo la sabiduría de crear una institución de todo el país. Era lo que estaba sembrando el proceso revolucionario, la justicia y la inclusión social en toda la nación”, dijo Velázquez Pérez.

“La nueva Academia de Ciencias de Cuba ha ido transitando por varias etapas y hemos tratado de llevar adelante la continuidad del pensamiento que le dio origen y alentó sus primeros años. Es necesario ir a ese gran océano que es la historia para hacer trascender lo que otros concibieron”, afirmó.

La nueva Academia de Ciencias de Cuba se fundó en un contexto de intensa obra cultural, educativa y científica en el país: se creaban escuelas en ciudades y campos, universidades; se preparaban nuevos maestros y científicos; había entrado en vigor la Reforma Universitaria y se había realizado la Campaña de Alfabetización.

La Comisión Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba, el nombre que tomaba en la ley que le dio origen, contó inicialmente con 10 miembros (cuatro de las ciencias naturales, cuatro de las sociales, uno de las ciencias técnicas y uno de la medicina). Luego se incorporarían otros.

Núñez asoció al proyecto a miembros valiosos de la intelectualidad que permaneció en el país, como se aprecia en la composición de la Comisión Nacional. También, para crear y dirigir institutos de investigación que lideraran el desarrollo científico en distintos sectores.

En el documento fundacional (Ley 1011/ 1962) se establecía la necesidad de concentrar los recursos disponibles en una institución donde estuvieran representadas las diversas ramas, tanto naturales como sociales. Se definía también su alcance nacional y, como función, la creación de organismos científicos propios.

Entre los primeros institutos creados desde la institución, para cuya sede fue escogido el Capitolio Nacional, estarían los de Geografía y Geología, de Historia, de Biología y de Etnología y Folklore, todos en 1962, así como el Departamento de Antropología (luego Instituto de Arqueología); el Instituto de Geofísica y Astronomía (1963) y el Departamento de Meteorología y Astronomía (1964); los institutos de Investigaciones de la Caña de Azúcar, de Oceanología y de Suelos (1964); los de Literatura y Lingüística y de Meteorología (1965), y los de Física Nuclear (1969) y de Astronomía (1970).

También, el Museo de Historia Natural Felipe Poey (con antecedentes en el Museo de la Sociedad Espeleológica, cerrado en la década de los cincuenta), abierto en 1964 en los salones del Capitolio Nacional, en cuyos espacios fueron exhibidas más de 3 800 piezas de los más diversos ámbitos.

Incluyó un planetario y una reproducción a escala de la Cueva No. 1 de Punta del Este.

A la par del surgimiento de una red de institutos, se desarrollaba una masa de investigadores dedicados a tiempo completo a la ciencia, recordó una de las participantes en la sesión. El papel de la nueva ACC en echar a andar la investigación científica, anclada en los problemas y retos que tenía el país, fue fundamental.

En 1972, la Academia contaba con 3 524 trabajadores, la mitad de ellos graduados o técnicos. Desde su fundación, se había recibido asistencia y asesoramiento de 1 032 técnicos extranjeros.

En su estructura había seis secciones científicas, 23 institutos, cuatro departamentos y seis grupos de trabajo, cuatro museos, cinco reservas naturales, dos jardines botánicos, 62 estaciones meteorológicas, dos planetarios, seis estaciones de investigaciones de la caña de azúcar, una biblioteca central (la del Congreso, en el Capitolio) y 40 bibliotecas especializadas.

Hoy cuenta con filiales en varias regiones del país. Su presidente dijo que se han incorporado nuevos académicos y “estamos creando la condición de científico asociado, personas que tienen una contribución destacada a la sociedad”.

En sus viajes al frente de importantes delegaciones, Núñez Jiménez mantuvo la tradición de insertar la exploración geográfica.

Durante el encuentro de este viernes en la sede de la institución, en La Habana Vieja, Liliana Núñez Veliz, presidenta de la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre, recordó que se está celebrando un programa por el centenario del reconocido científico, geógrafo, arqueólogo y espeleólogo cubano, que se cumple el 20 de abril de 2023.

Destacó, además, las posibilidades de colaboración entre la Fundación y la ACC.

“En una entrevista poco antes de su muerte, Núñez Jiménez dijo que la geografía era lo que había dado sustento a todas las demás facetas de su vida y a la proyección que él dio a su vida como político, revolucionario, ciudadano…

“La geografía era, para él, la base de toda su vida. Y todo lo que hacemos en la Fundación y los distintos programas de trabajo siempre buscan valorar la geografía dentro de la sociedad cubana, su importancia, el papel de los geógrafos cubanos dentro de la economía, la sociedad, y el aporte que pueden dar para un desarrollo sostenible.

“Es el aporte que queremos traer a la Academia, sin poner fuera de nivel ninguna otra disciplina, sino, por el contrario, para que la Academia sirva de soporte equilibrado de todas las ciencias, que es su impronta más importante, su capacidad para fundar desde el equilibrio, crear instituciones con una incidencia desde todos los sectores: la física, la geografía, la historia, la sociedad, los suelos, la meteorología…”, afirmó.

En varias intervenciones, historiadores de la ciencia cubana destacaron, entre otras características de la nueva Academia fundada en 1962, la combinación del trabajo de campo con el trabajo de gabinete (en sus viajes oficiales a otros países, Núñez Jiménez aprovechaba para realizar exploraciones geográficas), la unión entre la ciencia y la cultura, y la vocación de acercar las ciencias naturales y las sociales en función de las nuevas realidades y necesidades del país.

También ofrecieron sus testimonios sobre Núñez Jiménez el geógrafo y espeleólogo Ángel Graña González, quien trabajó por años junto al fundador de la Sociedad Espeleológica de Cuba, y el ingeniero y doctor en Ciencias José Boris Altshuler, uno de los 10 miembros originales de la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba.

El doctor en Ciencias Geológicas Manuel Iturralde Vinent destacó la vocación educativa e inclusiva de la nueva Academia de Ciencias Cubana.

“Éramos muchachos que empezábamos en las exploraciones, y a partir de ahí comenzamos a formar parte de la Academia, porque veníamos a ver exposiciones y exhibiciones, las colecciones. Participábamos como observadores… Íbamos allí, a los institutos, a recibir cursos y explicaciones. Nos ayudaban en los trabajos de campo, con recursos. Se unían a nosotros.

“En la Academia entraron aficionados a la ciencia, fueron a trabajar allí. Núñez, antes de ser científico, también andaba explorando, era un aficionado a la ciencia. Él entendió que esa era una verdadera cantera.

“En la Academia, desde el principio, los aficionados a las ciencias fueron ejes fundamentales. Hubo también científicos aficionados. Eso se logró porque se les abrieron las puertas, fueron recibidos como iguales por los que ya estaban instalados. Y esa fue una visión de Núñez”.

(Tomado de Cubadebate)