Ángel Ventura Bass, un activista deportivo santacruceño muy inquieto

No se requieren excesivos denominadores para puntualizar el justo elogio a lo que realza el valor del decoro en un hombre. Las nimiedades pasan inadvertidas, sólo lo esencial prevalece al mirar con los ojos del corazón.

La síntesis no tuvo cabida durante la anchurosa plática. Ángel Ventura Bass se siente dichoso. En su esencia vale la sencillez para ser bueno. La sólida virtud que lo distingue ha llevado en lo interno y externo la entereza.

Así pudo sostener sobre la espalda aquellos pesados sacos de yute cargados de azúcar, tras ser estibador en el puerto de Santa Cruz del Sur, antes del triunfo revolucionario y poco tiempo después de conquistada la victoria popular. La labor supo compaginarla, sin el mínimo de fatiga, con la práctica del béisbol y otros deportes.

“Desde niño me incliné más hacia la pelota; aunque también jugué voleibol y fútbol. Pero mi apego era hacia el guante, el bate y la pelota. En todas esas disciplinas tuve buenos resultados, pero la mayoría de los logros fueron en el béisbol. Todos los deportes me gustan; no pude practicar otros antes del primero de enero de 1959, al no residir personas capacitadas para tal fin en este poblado”.

Te comento, fui con los juveniles a Varadero al certamen nacional de voleibol. No tuve un mal desenvolvimiento; aunque fue una vez en la vida valió la pena participar.

¿Cuál es la razón para tanto apego a la pelota?

-“En mi familia todo el mundo fue beisbolista: mi papá, mis hermanos; se metían al terreno desde el año 1926. Jugaban en ocasiones con marinos extranjeros que permanecían algunos días en tierra”.

¿Luego del primero de enero de 1959 sigue usted siendo pelotero?

– “Sí, como no. Incluso me gustaba dirigir equipos organizados por varios amigos del propio barrio. Tuve un dispositivo que se llamaba Los Piratas, integrado por Eddy Fernández, Heriberto González, José Couto, Mario Martínez; éramos muchachos de la misma edad.

La mayor emoción la sentí cuando jugué en la categoría juvenil; organizándose competencias municipales y provinciales. En una oportunidad clasificamos para la serie a desarrollarse en La Habana; allí le ganamos 3-1 al equipo de Santiago de Cuba. Obtuvimos dos victorias seguidas. Aunque el conjunto nuestro decayó un poco pudimos alcanzar el tercer lugar a nivel nacional.

¿Qué posición ocupaba en el terreno?

– “Fui pitcher. Sí aclaro, no era mal bateador. Todas las posiciones que me eran designadas las defendía sin problemas. En esos momentos no teníamos un técnico, que según nuestras características, nos dijera cuál eran los lugares que debíamos defender. Ya hace muchos años no sucede así. Hay un mayor desarrollo y profesionalidad.

Durante la permanencia en los juveniles me especialicé más en el pitcheo. Recuerdo hicieron la preselección para ir a un campeonato en México. Fui escogido. Estuvimos un mes preparándonos en La Habana. Se nos avisó la suspensión del certamen por no haber presupuesto. Eso pasó porque todavía no había triunfado la Revolución en Cuba.

En ese mismo año 1957 vinieron a la localidad los novatos de Los Habana Cuba; equipo profesional que jugaba en la Triple A. Me tocó lanzarles tres inning. Logré ponchar al cuarto bate del conjunto de apellido Borrego Álvarez, era la primera base en la unidad cienfueguera.

Por esa actuación fui invitado junto a mi hermano René a los entrenamientos de Los Habana Cuba, en la capital de nuestro país. Allá estuvimos una semana. Había muchos jóvenes aspirando a lo mismo; algunos fueron escogidos pero nosotros no tuvimos igual suerte”.

¿Cómo usted contribuye al fortalecimiento del fútbol por estos predios, luego de la creación del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER)?

-“Por esa etapa toma empuje el fútbol. Luis Izaguirre, al que le decían el gallego, era el técnico de esa disciplina. Se dedicó a formar atletas; pudiendo conformar el equipo. Aunque Izaguirre no tenía muchos conocimientos técnicos, sí nos daba una buena preparación física.

Pudimos ganar cinco campeonatos provinciales de manera consecutiva, Julio Izaguirre y Julio García, entre otros santacruceños, fueron escogidos para ir a eventos nacionales. No tuve la posibilidad de ir a esos programas porque yo no era muy experto.

Sin embargo tuvimos un revés con el equipo de Villa Clara. Jugamos de noche en esa provincia, horario al que no estábamos acostumbrados; perdimos 2-1.

Cuando a la franja marítima del municipio arribaban buques extranjeros con el objetivo de cargar azúcar, sus tripulantes se interesaban en tener topes amistosos con nosotros. Nos enfrentamos a marineros de cinco naciones. No pudieron ganarnos en el fútbol.

Yo nací para amar el deporte. No fui un atleta de renombre, pero si practiqué esas disciplinas cumpliendo las reglas establecidas. El deporte es mi vida. Necesitaba decirlo sin pretender exagerar”.

¿Cuáles fueron sus responsabilidades en el INDER?

– “Tras dejar el deporte activo, trabajé en el central Cándido González (antiguo Santa Marta) como ayudante de mecánico…en lo que hiciera falta. Había dejado de ser estibador, debido a que por el puerto santacruceño dejó de embarcarse azúcar. Al solicitárseme apoyo en el INDER, paso a laborar en la institución como técnico de béisbol durante dos años, atendiendo las categorías establecidas.

En los primeros doce meses como entrenador llevé un equipo a Camagüey. Obtuvimos el segundo sitial. Tras ese resultado soy seleccionado para ir al frente del equipo Granjeros a los primeros juegos nacionales escolares en Santiago de Cuba; regresamos con el cuarto escaño.

Ante la necesidad de un comisionado de béisbol fui designado para ocupar la nueva tarea. Todos los implementos deportivos recibidos se destinaban a dar muchas más preparaciones; por lo tanto se efectuaban mayor número de Copas locales.

Ya siendo metodólogo de actividades deportivas atendí el deporte social y el escolar junto al director del departamento. Recibíamos de la provincia un plan de competencias; todas se garantizaban. Llegamos a tener 15 atletas en varias disciplinas de equipos nacionales.

Cuando cumplí los 60 años mi esposa, quiso me retirara. Decía que yo había trabajado demasiado. Es verdad, no paraba”.

– ¿Otra parte sólida en usted es la familia?

-“Tras casarme con mi esposa Ángela Milanés, tuvimos dos hijos; al crecer la hembra y el varón me apoyaron de igual manera para cumplir el trabajo en el INDER. Sin familia no se logra ningún objetivo. Amo el deporte, ya lo dije; pero mis seres queridos significan lo máximo. Tengo dos nietos e igual cantidad de bisnietos. De todos ellos estoy enamorado.

– En cada encuentro deportivo municipal usted participa como corresponsal voluntario a pesar de estar jubilado. ¿Recibe alguna remuneración económica por ese quehacer?

-“Tengo la pensión que necesito tras haberme jubilado. Lo que por amor se hace no se cobra. Contribuyo a enviar esas informaciones a la Radio y Corresponsalía de Televisión locales. Sentirme útil me anima, Sin interés económico he ayudado técnicamente a los entrenadores de fútbol, voleibol y béisbol. Soy un activista muy inquieto”.

– ¿En otros deportes también existen avances?

– “En el judo, karate, taekwondo, el kayak, el softball, tiro deportivo, baloncesto, entre otros, el desarrollo sistemático es importante. El bloqueo yanqui limita la entrada de recursos para cada una de las disciplinas, pero ningún bloqueo por duro que sea puede obstaculizar su progreso. La voluntad de los técnicos, atletas, la familia y los directivos del INDER favorece el deseo de triunfar. Pueden escasear los medios, pero nunca el interés de preparar a los deportistas en cualquier categoría. Las áreas para ejercitarlos están y las iniciativas no pueden faltar”.