Alumbramientos en Las Tunas… ¿y mi parto respetado?

“Nunca se me va a olvidar que fue un jueves cuando rompí la fuente sentada en la casa, no imaginaba lo que vendría después. Lo primero que choca es que en un momento tan delicado tienes que estar sola, vi cómo le cerraban la puerta del salón de parto a mi esposo y me dieron ganas de llorar. Sentí tanto miedo cuando entré que solo atiné a rezar bajito, para que mi hijo estuviera seguro.

“Después de reconocerme y hacerme cuatro o cinco tactos, pasé más de 24 horas en una cama, penando. Las contracciones eran fuertes, pero inestables, me orinaba del dolor y nadie venía a verme. Cuando empecé a llamar gente, el médico más viejo me trató como si fuera una niña que debía castigar.

“Vi a numerosos estudiantes de Medicina, jóvenes atentos, pero sin voz ni voto. Yo no sabía qué hacer. Cada vez botaba más sangre. Llegué al límite de la desesperación y me quedé completamente desnuda en aquel lugar donde había muchas personas vestidas de verde y otras que entraban y salían.

“Pensé que iba a morir y que no lograría tener a mi bebé. No te puedo contar cuántos ‘torniquetes’ me hicieron sin decirme una palabra. No voy a olvidarme nunca de la indolencia del personal que me atendió, mi hijo no me lo permite”.

Yanelis, de 25 años de edad, alumbró finalmente un viernes a las 11:12 am en el hospital Ernesto Guevara. Presentó complicaciones asociadas al proceso tardío; el pequeño permaneció mucho tiempo en el canal de parto y padeció sufrimiento fetal, se hizo caca dentro del vientre materno, por lo cual ambos debieron someterse a tratamiento con antibióticos.

Después, Yanelis supo que la disminución del oxígeno en la sangre del niño, mientras nacía, le provocó una hemiparesia (debilidad muscular de un lado del cuerpo que le afecta el brazo, la pierna y la cara) y tal vez otras patologías que, en lo adelante, con su crecimiento y desarrollo, los médicos podrán precisar.

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“Desde que entré al salón me miraron mal. Me dieron una bata llena de manchas, rota. La enfermera estaba en la entrega de turno y, por su actitud, parecía como si yo le molestara. Cuando apretaron los dolores empecé a gritar. Estaba muerta de miedo. Nunca había pensado que parir era así.

“El médico se colocó frente a mí y dijo en voz alta: ‘¿Siempre gritas así para todo? Gozaste, ahora te toca sufrir. Aquí aguanta, porque tú quieres tener un hijo, nadie te obligó y parir duele, ¿no te lo explicaron?’. Habló más, pero por vergüenza no lo repito. A mí se me caía la cara de la humillación y le respondí que me estaba maltratando”.

Leidis, de 29 años, contó su historia a 26 y en la actualidad, con Arasay en brazos, asegura que no se le ha pasado, del todo, la indignación. “Parecía el especialista, mas no sabía de ética, ni de empatía. En lo adelante solo vi jóvenes. Los escuchaba hablar y agradezco que me hayan asistido, aunque no estoy segura de si estaban preparados. Uno se me subió en la barriga, y yo, histérica. Fue difícil, me desgarré a lo grande. Pero más que el sufrimiento, tengo grabado el discurso del doctor”.

Leidis guarda el hecho de dar a luz como lo más perturbador de su vida. Tanto ella como Yanelis no quieren repetir la experiencia, y comparten la misma conclusión: su parto estuvo lejos de ser respetado.

Insistencia por humanizar

Doctor Yunier Egnodio Leyva atiende a una paciente. Foto: Reynaldo López Peña/ Periódico 26.

El doctor Yunier Egnodio Leyva le abre las puertas a 26 de su experiencia en los salones de parto del “Guevara”. Confiesa que la primera vez que trajo a un niño al mundo supo que su destino estaría estrechamente ligado a los alumbramientos, a los que mira desde la óptica de cómo pueden ser más humanizados para el bienestar de la madre y el bebé.

“En mis 14 años como ginecobstetra conozco de memoria las rutinas y me afecta cuando veo a las puérperas asustadas, indefensas, tiradas en una cama, con una tardía recuperación -comenta. Lo óptimo es insertar a la familia y permitir el acompañamiento a la mamá en todos los momentos del embarazo, así va con mayor seguridad y el resultado es satisfactorio.

“Cuando no logramos esto y se afronta un parto disfuncional, el feto sufre dentro del vientre materno, tiende a presentar varias complicaciones y en ocasiones hace hipoxias cerebrales que limitarán su posterior desarrollo. El obstetra tiene en sus manos no una, sino dos vidas que debe cuidar, y cada caso es diferente, por tanto, su labor requiere de mucha observación y empatía”.

Acá estamos, considera, a años luz de variantes de nacimientos que se impulsan en el orbe. “Mientras en Chile y Alemania se propician en piscinas, pues es el medio ideal para el bebé, nosotros seguimos atados a viejas rutinas. Un ejemplo es la obligatoriedad a que las embarazadas en trabajo de parto permanezcan acostadas. Ellas manifiestan que quieren caminar, y lo ideal es que deambulen, la fuerza de gravedad las ayuda. Asimismo, es positivo que realicen cuclillas y que utilicen el balón hidroquinésico.

“Los especialistas conocemos el bien que le reporta una ducha a la mujer que espera un hijo porque necesita hidratarse constantemente, también requiere de dieta líquida abundante y no siempre se garantizan esas cuestiones. Urge, además, rescatar el programa de la enfermera obstetra. A mí me enseñaron a realizar partos las enfermeras más viejas del salón; el personal médico cambia, pero ellas siguen ahí y acumulan saberes que son vitales.

“Es cierto que a veces abusamos de la episiotomía, no le consultamos a la paciente, y no siempre solicitamos su aprobación para administrar drogas como la oxitocina. Insisto, a la mujer hay que mirarla a los ojos y comunicarse con ella, la información oportuna puede hacer la diferencia”. Y agrega como debilidades el poco confort y la falta de privacidad del salón.

En junio del 2019 se celebró en La Habana el XVII Congreso de la Sociedad Cubana de Obstetricia y Ginecología. Allí fue reconocida como problemática la violencia obstétrica. Leyva presentó la realidad tunera y dice que en ese entonces se esbozó la voluntad de darle a la futura mamá la decisión de cómo quiere tener su parto, pero asegura que este programa aún no aterriza en los salones de verde.

La doctora Osmara López Borrero, jefa de la Sección Materno Infantil en el territorio, apunta que, a pesar de la falta de recursos en el país, aquí, como en toda la Isla, es priorizada la atención a la madre y al recién nacido.

“Estamos reforzando las consultas hospitalarias como la de Perinatología y funcionan las comisiones de atención a las maternas graves, constituidas por especialistas de mayor experiencia de todas las disciplinas, y se realizan interconsultas con expertos nacionales, enfatiza.

“En lo que va de año se han lamentado tres muertes maternas, dos por condiciones asociadas al embarazo como la sicklemia y una arritmia cardíaca, y la otra, por complicación hemorrágica del parto. Teniendo en cuenta las estadísticas, Las Tunas se encuentra por encima de la media nacional”.

Sin dudas, el fortalecimiento de la rama de la Perinatología puede marcar una diferencia en el escenario que describimos, porque, aunque toma como objeto de estudio principal al feto, desde la semana 28 de gestación hasta los primeros 28 días de vida, en los embarazos de alto riesgo, reconoce el protagonismo de la madre en el éxito. Pero… hace falta más, pues se refiere a un universo limitado.

Visibilizar el maltrato

Parto. Foto: Reynaldo López Peña/ Periódico 26.

Elia Marina Brito Hidalgo, responsable del componente educativo del Programa de Atención Materno Infantil (PAMI) en la provincia, afirma que urge más imbricación multisectorial, para que se cumpla cabalmente el derecho sexual y reproductivo de las féminas.

“Los espacios están definidos, pero precisan de refuerzo importante, apunta la psicóloga. El Programa de Maternidad y Paternidad Responsables es una guía para el acompañamiento a la embarazada desde su captación, contempla todos los elementos para una preparación psicopráctica con vista al parto. Si se impartiera con la rigurosidad necesaria es posible una maternidad plena.

“En los hogares maternos se implementa este programa, pero las que nunca pasan por allí llegan al alumbramiento sin conocer cómo deben respirar, pujar, y sin la fortaleza psicológica para enfrentarlo. Hay muchas cuestiones subjetivas que son imprescindibles para un proceder satisfactorio y no pocas veces se ignoran o atropellan. Debemos enfocarnos en ese momento más allá de las estadísticas, con el fin de dotarlo de la calidad que requiere y las mujeres merecen.

“Una madre que haya pasado por un proceso traumático al dar a luz, no va a tener la misma disposición para repetir la experiencia. Y nos preocupa la baja tasa de natalidad del país, sin embargo, no estamos haciendo mucho para revertirla”.

Para Liliana Gómez Ramos, máster en Ciencias de la Comunicación y ávida investigadora de la temática de género, las miradas deben ser más abarcadoras y rigurosas al respecto. Alude a que desde los estudios actuales se reconoce la existencia de violencia obstétrica en conductas o prácticas realizadas por el personal de Salud durante el embarazo, parto y puerperio que por acción u omisión pueden ser consideradas violentas.

“Los catedráticos coinciden en que es durante el parto cuando mayor violencia se ejerce sobre la mujer, sobre todo, porque está muy sensible, demanda un trato especial, y es una práctica asumida que muchos médicos utilicen frases ofensivas y tonos duros para que reaccione, mas ¿esto no es institucionalizar el maltrato?, ¿las rutinas no pueden basarse en el refuerzo positivo?”.

Según Gómez Ramos, normalmente estas acciones no repercuten porque luego la implicada va a su casa, con el bebé y no asimila que puede denunciar la violencia psicológica que sufrió. Además, generalmente está sola y no tiene el respaldo ni la prueba de su versión de los hechos.

Alerta que es necesario fortalecer el enfoque de género en la formación de los especialistas. “Las mujeres suelen ser concebidas como cuerpos sin derecho a decidir nada, mientras que el conocimiento reside únicamente en el médico. Los cuidados se centran en el niño, reforzados por la exigencia de cifras y cumplimientos”, refiere.

“No es exageración, están documentadas en Cuba situaciones en las que las pacientes se han desangrado por negligencia, y es lamentable. Se ha demostrado en investigaciones académicas que los procesos obstétricos, sobre todo en los últimos tiempos, son muy violentos”.

Espacios para empoderarse

No es raro que una mujer con parto difícil quede atrapada en un bucle de remembranzas que aludan al alumbramiento, más si le acechan dolores crónicos en las caderas, laceraciones cervicales, desgarros vaginales, prolongada episiotomía… No es infrecuente que tenga pesadillas, sienta ansiedad o pánico al recordar el trauma o evite cualquier cosa que se lo traiga a la memoria.

En el año 2014, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó la declaración para la “prevención y erradicación de la falta de respeto y el maltrato durante la atención del parto en centros de Salud”. Y en el 2018 estableció una serie de recomendaciones para conducir ese proceso, entre las que sobresale que este no puede estar sometido a estrictos protocolos; pide contemplar las individualidades.

Así, alienta a que las embarazadas se muevan y den a luz erguidas. Sugiere que se les permita estar acompañadas e, incluso, que puedan comer o beber durante el trabajo de parto. Solicita no separar a los bebés de las madres justo después del nacimiento; no aplicar técnicas que aceleren artificialmente los tiempos, limitar los tactos vaginales a uno cada cuatro horas, y no practicar la episiotomía si no es estrictamente necesaria.

En América Latina y el Caribe, Venezuela se convirtió en la primera nación en legislar sobre violencia obstétrica en el 2007, y varias naciones del área le han seguido los pasos. Aun cuando en Cuba no existe un marco legislativo al respecto, constituye preocupación del Estado antillano la protección a la gestante, que asume rango legislativo desde la actual Constitución de la República. No obstante, pese a los derechos y programas vigentes, alredeor de los alumbramientos la mayoría de las veces priman los enfoques intervencionistas.

Una luz puede ser la guía para el parto respetado en las instituciones sanitarias que publicó este año el Ministerio de Salud Pública. Con el apoyo de la oficina en la Isla del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) se implementa esta estrategia en tres centros maternos del país. Al revisarla queda claro que no se trata esencialmente de recursos, sino de un cambio de paradigma, de enfoque de los procederes.

Yanelis, Leidis, tantas otras, tienen que enfrentar el alumbramiento, sin concebirse como enfermas y sí, dueñas de un proceso natural que les atañe, en el cual no solo esté en juego la salud, también debe ser transversal la exigencia por el respeto, la información oportuna y viable. Humanizar las praxis puede revertirse en empoderamiento femenino, y viceversa, en sumar plenitud y orgullo, al difícil momento de traer un hijo al mundo.

(Tomado de Cubadebate)