A independencia de Angola contribuyó otro trabajador de emisora santacruceña

Santa Cruz del Sur, 6 nov .- La misión de un soldado revolucionario, por sencilla que sea en una guerra, tiene la grandeza de la dignidad. Con mucha disposición Jorge Luis Tiá Almeida, con apenas 20 años de edad, asumió las prácticas como cocinero en la Unidad Las Brisas perteneciente al sector del comercio y la gastronomía por escaso tiempo.

“Aprendí lo básico de ese arte pues realizaría esa labor en la República Popular de Angola (RPA), a donde fui a cumplir el deber internacionalista”.

El mayo, preñado de primavera cubana, vio salir en una nave área al bisoño cocinero. “Conmigo viajaron otros jóvenes, a ninguno observé desalentado ni triste, al contrario mostraban cuantiosa firmeza combativa igual a la mía”.

Al poner las botas en la hermana tierra angoleña son concentrados en una Unidad militar de Luanda. “Al cabo de los días nos distribuyeron en los lugares donde desempeñaríamos las diferentes tareas. Fui ubicado en un centro cueteril antiaéreo del municipio Matala, provincia de Huila, ubicada al sur de la nación hermana”, narró Tiá.

Casi un año, exactamente 11 meses, estuvo encargado de la cocción de los alimentos. “El primer arroz que hice podía quedar pegado si se lanzaba hacia la pared. Los camaradas ese primer día no comieron a gusto; recibí sus críticas, sin embargo, me ayudaron a desenvolverme entre los calderos. Cuando creí estar preparado lo asumí otra vez solo, entonces se comían hasta la raspa”.

El constante peligro lo acechaba al tomar el timón de un camión-cisterna. “Transitaba a diario un kilómetro y medio en busca de agua para abastecer la Unidad de Matala. Por el camino se veían los hoyos provocados por las explosiones de las minas. En cualquier parte se escuchaban disparos”.

“Muy beligerante era esa región”, significó. “Es por ello que el arma la portaba siempre conmigo y el compañero que me acompañaba llevaba también la suya. No tuve confrontaciones con el enemigo, de haberse producido hubiera caído peleando”.

Memorizó la etapa dedicada a preparar a los combatientes angolanos en las distintas especialidades militares. “Estuve presente en las clases prácticas que se les dieron relacionadas con los disparos de cohetería antiaérea. Los conocimientos y las habilidades, en cualquier asunto, los adquirían enseguida”.

Jorge Luis retornó al seno hogareño en la primera quincena de junio de 1986 exhibiendo en su uniforme de campaña las medallas de segunda clase y la de Cuba- RPA.

El actual chofer de la Radioemisora santacruceña, aseveró: “Angola fue la forja esencial de mi condición revolucionaria, un homenaje eterno para mis camaradas cubanos y angoleños que perdieron la vida por un justo ideal: la libertad”.