Nicolás Guillén: “Vengo de andar y aquí me quedo, con mi pueblo”

Nicolás Guillén: “Vengo de andar y aquí me quedo, con mi pueblo”Por los días iniciales de julio, Nicolás Guillén solía regresar a su natal ciudad de Camagüey, para festejar –cada día 10- entre amigos y familiares la llegada de un nuevo cumpleaños.

En una de esas ocasiones, confesaría: “la verdad es que yo siempre he ido a Camagüey desde que lo abandoné a fines del año ´27. Sin embargo, en los primeros años de mi partida del terruño, no volví por él. Sólo lo hice cuando gané el premio mayor de la Lotería en 1931, que me permitió imprimir mi libro “Sóngoro Cosongo”, una edición privada de 300 ejemplares y que por su carácter, sólo circuló entre mis amigos.”

En su “suave comarca de pastores y sombreros”, dejó Nicolás no sólo los recuerdos de una infancia sana, de una familia entrañable y de amistades que sobrevivieron el paso de los años. También estaba el fecundo rastro de su hacer periodístico en la Sección “Pisto Manchego”, pleno de estampas donde no se ausentaba la crítica de contenido social. Época de juventud, cuando la poesía también le iba sometiendo dulcemente a su influjo, hasta arrancarle su primer libro “Cerebro y corazón.”

Visitas obligadas por aquellos años eran las que realizaba a su barbero de siempre, José Rodolfo Nuñez Barreras, más conocido como El Colorao y su compadre Víctor Manuel Caballero Ramos. Eran momentos signados por los recuerdos, por el caminar incansable a través de las tortuosas calles que jamás olvidó y a las cuales inmortalizó en varias obras, entre ellas su “Elegía Camagüeyana”, cuyos versos comenzó a redactar en La Habana a finales de 1952 y concluyó en 1958, en la lejana París, durante su obligado exilio. También en su poema “A Camagüey suelo ir”, de su libro “Sol de domingo”:

“A Camagüey suelo ir
Por revivir
Mis claros días de infancia
Aspiro allá en su Fragancia
Rosas que no volverán”

Caballero Ramos –ya fallecido- hablaba de veladas en las madrugadas, donde el joven Nicolás leía sus versos o se comentaba entre los amigos las incidencias del día. “Eran momentos –decía- donde nuestra hermandad se hacía más palpable, incluso después de su ida hacia la capital. Cuando retornaba, siempre nos buscaba para juntos, recordar…siempre recordar”.

No envanecieron jamás al Poeta Nacional sus triunfos personales en el universo literario. Gracias a él, la poesía –espléndida visitante de salones elitistas- se vistió de cubanía y saltó al barrio, embriagada de aguardiente, plena de ritmo y de colorido. Él supo como nadie captar el espíritu popular –del blanco y del negro- para elevarlo a categoría sin paralelo hasta entonces. Llevó la constelación rítmica del Son al mundo del lirismo y –a la vez- descubrió los tímbricos matices escondidos en esa música. Sin embargo, sus pies siempre estuvieron bien plantados como raíces en su Camagüey.

Al morir, aquel 16 de julio de 1989, Nicolás Guillén tenía 87 años. Desde hacía tiempo, su salud estaba seriamente comprometida, tras una intervención quirúrgica de la cual no pudo recuperarse.

Desde la creación de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, fungió como su presidente hasta 1965, responsabilidad que supo desempeñar dignamente. Su vida y su obra estuvieron siempre vinculadas a las aspiraciones más hondas del pueblo al cual pertenecía. En cada uno de los habitantes del legendario Camagüey y de toda Cuba, su presencia es tan cierta como esos versos que tan generosamente regó a su paso, como esa pasión revolucionaria que presidió sus actos, también como miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

A 112 años de su natalicio y a casi 25 de su desaparición física, permanece como ejemplo de lealtad hacia el terruño donde dio sus primeros pasos, tal y como supo resumir en la hermosa Elegía que le dedicara: “Vengo de andar y aquí me quedo, con mi pueblo”.

Por Yolanda Ferrera Sosa/ Colaboradora de Radio Cadena Agramonte.