Por más desarrollo económico y conservación

Haití, Cuba y República Dominicana tienen ecosistemas insulares, paisajes y hábitat naturales o creados por el hombre que facilitan la migración y dispersión de especies de la flora y la fauna, debido a su ubicación geográfica.

A ese entorno se le denomina Corredor Biológico en el Caribe (CBC), surgido en 2007, como muestra de la colaboración Sur-Sur en pos del patrimonio natural del área y con la cooperación del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Unión Europea.
   
Nicasio Viña, director técnico del CBC y miembro de la Academia de Ciencias de Cuba, distingue la zona con altos valores de biodiversidad, disímiles ecosistemas que van desde bosques nubosos montanos hasta los de cactus, y especies vegetales y animales amenazadas.
   
“Esa diversidad biológica impone retos a los gobiernos, instituciones y personas encargadas de conservarla”, afirmó  Viña, quien mencionó entre los principales desafíos para ese fin la baja percepción global y local de la importancia del Caribe Insular.
   
Desde el punto de vista geográfico, señaló la fuerte presión por el uso de los recursos naturales en territorios de alta densidad poblacional; la complejidad económica y social por la pobreza extrema, y la insuficiente integración de las partes para el cuidado de las especies y ecosistemas.
    
El desconocimiento de la historia natural, distribución y estado de las ciudades, variedades endémicas y locales que requieren de tácticas de supervivencia fuera de áreas protegidas; así como la ignorancia de las rutas y comportamiento de la migración, conspiran negativamente en la estabilidad natural del área.
   
Por estas razones el director del CBC insistió en el vínculo entre desarrollo económico y conservación, porque ambos se relacionan “siempre que se piense primero en el beneficio social, en la conveniencia de toda la población, y no en la de un pequeño grupo o institución específica”, subrayó.
    
En Cuba se despliegan proyectos encaminados a la gestión y uso sostenible de los recursos agrícolas y preservación de la biodiversidad impulsada por CBC, experiencias que servirán para iniciativas similares en otras regiones del país, así como de Haití y República Dominicana.
    
Freddy Rodríguez, especialista de la oficina trinacional del CBC, informó los sitios escogidos en el este de la Isla como pilotos: los asentamientos rurales y costeros de Sigua y Baitiquirí, en las provincias de Santiago de Cuba y Guantánamo, respectivamente.
    
Ambas demarcaciones tienen en común el impacto negativo de la acción humana en el entorno natural, por lo cual el Corredor prioriza la capacitación de los labriegos, la educación ambiental, la adquisición de medios para prácticas agroecológicas y la creación de viveros.
    
Enclavada en la Reserva de la Biosfera Baconao, en territorio santiaguero, Sigua limita con el mar Caribe, y su localidad Verraco, que es el foco del proyecto, se encuentra en la zona de amortiguamiento de la Reserva Natural El Retiro.
    
Baitiquirí, por otra parte, deviene otra reserva ecológica ubicada en el municipio guantanamero de San Antonio del Sur, también junto al mar Caribe, y posee valores naturales de interés nacional e internacional, con especies representativas de la flora y la fauna silvestres.
    
La rehabilitación ambiental estará acompañada de esfuerzos para el mejoramiento de la calidad de vida en esos parajes del extremo este de la geografía cubana, donde la intervención irracional del hombre deja huellas negativas en el medio ambiente.
    
Los centros que están a cargo de esos empeños son el Oriental de Ecosistemas y Biodiversidad, para Sigua; y de Aplicaciones Tecnológicas para el Desarrollo Sostenible, en el caso de Baitiquirí.(AIN)