1962: mandos militares y la CIA preparaban fake news contra Cuba

Hace más de seis décadas, el coronel John H. Glenn, astronauta de 39 años, despegó en la Mercury Atlas 6 desde el centro de lanzamiento de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) de Cabo Cañaveral, en la Florida, pero una repentina necesidad urinaria puso en tensión a la dirección del vuelo ya que humedeció los sensores eléctricos en el interior de su traje espacial, lo cual podría provocar afectaciones con la consiguiente destrucción de la nave.

Ese incidente, que no llegó a mayores consecuencias, serviría no obstante para macabras conspiraciones, pues mientras Glenn ajeno a tales manipulaciones se enfrentaba a su aventura a un centenar de kilómetros de altura, un equipo de los altos mandos militares y de la CIA preparaba la fake news de que el gobierno de Cuba era causante de la muerte del cosmonauta.

Para ese fin acusarían al gobierno revolucionario de utilizar señales de radio con el propósito de sabotear las comunicaciones de la nave, e inclusive presentarían supuestas pruebas extraídas de los restos del vehículo, con lo cual ganarían la aprobación de la opinión pública y tendrían el pretexto para una agresión militar a la Isla.Esa acción se denominó Dirty Trick (truco sucio) y buscaba “…ofrecer pruebas irrefutables de que, en caso de que fracase el vuelo orbital Mercurio, con la tripulación humana, la responsabilidad es de los comunistas”.

El presidente John F. Kennedy, obcecado por vengarse de la derrota en Playa Girón, propiciaba un clima para estas y otras fantasmagóricas iniciativas como lo evidencia un acta desclasificada de indicaciones de Robert Kennedy, Fiscal General, en la que decía: “(… ) la solución del problema cubano tiene máxima prioridad en el Gobierno de los Estados Unidos, todo lo demás es secundario. No deben escatimarse ni tiempo, ni dinero, ni esfuerzo, ni fuerza humana… el capítulo final sobre Cuba no ha sido escrito. Tiene que hacerse y se hará”.

La medida para manipular un probable accidente espacial solo fue una de las propuestas contenidas en la Operación Northwoods (Madera del Norte), elaborada por la Junta de Jefes de Estados Mayores de las Fuerzas Armadas, desclasificada en 1997, y que al respecto recogía: “Podríamos hundir una embarcación cargada de cubanos que se dirijan a la Florida, ya sea real o simulada (…) fomentar atentados contra refugiados en Estados Unidos incluso al extremo de herir a algunos, para que sea ampliamente divulgado por la prensa”.

Además incluía la explosión de bombas plásticas en lugares cuidadosamente seleccionados en Miami, el arresto de falsos agentes cubanos y la publicación de documentos que pudieran igualmente ser de utilidad para dar la imagen de una administración irresponsable en la mayor de las Antillas.

Proponía utilizar aviones cazas F-86, muy parecidos a los Mig-15, con las insignias cubanas para destruir aeronaves de pasajeros de EE.UU, así como bombardear a países aliados de la nación norteña en el Caribe, y atacar con morteros y otros artefactos la base naval de Guantánamo por bandas de alzados y agentes de la CIA que suplantarían a fuerzas del ejército cubano.

Proyectaban, incluso, hundir barcos norteamericanos y realizar acciones terroristas en Miami, presuntamente adjudicadas a la inteligencia de la Isla, y otras agresiones que provocarían la muerte de inocentes.

Según la versión oficial sobre la Operación Northwoods, promovida y liderada por el General Lyman Louis Lemnitzer, Presidente de la Junta de Jefes de Estados Mayores, principal estructura de mando de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, esta fue presentada al Secretario de Defensa, Robert McNamara, como solución final para acabar con la Revolución cubana, que el alto funcionario rechazó.

Poco se menciona de que este programa era semejante a los utilizados por la Alemania nazi para iniciar la II Guerra Mundial; tal fue el caso de la operación secreta que sirvió de pretexto para la invasión a Polonia en 1939, cuando un comando de la inteligencia alemana usando armas y uniformes del ejército polaco atacó la emisora de radio de Glewitz, cerca de la frontera entre ambas naciones, en la que fueron asesinados 15 prisioneros polacos vestidos como militares y fueron mostrados cuales presuntos muertos en combate.

Por homicidios como ese, el Tribunal Internacional de Nuremberg de 1946, presidido por el destacado jurista norteamericano Robert H. Jackson, juzgó los aesinatos de guerra del fascismo alemán y condenó a la horca entre otros genocidas al ex ministro de exteriores, Joachim von Ribbentrop, a Wilhelm Keitel y Alfred Jodl, quienes eran jefes del estado mayor de las fuerzas armadas alemanas y responsables de ese y otros crímenes contra la humanidad.

Quince años después, el General Lemnitzer y sus colegas, al frente del poderío militar estadounidense y todos veteranos de la II Guerra Mundial, olvidaron muy oportunamente esa lección y en 1962 prepararon fake news que darían pie a actos de agresión contra Cuba, similares a los cometidos por sus antiguos enemigos.

(tomado de Agencia Cubana de Noticias)