Economía global: mala sombra

Economía global: mala sombraLas informaciones que llegan sobre el universo económico europeo no pueden ser más alarmantes.
  
Explican expertos que la desocupación en el Viejo Continente ya toca el promedio del diez por ciento de la fuerza de trabajo económicamente activa, cifra fuera de control que, por demás, tiene enormes abismos cuando se pasa revista a algunas naciones de forma individual.
  
Porque lo cierto es que estados como España, Grecia o Italia, por ejemplo, agregan muchos más dígitos a ese guarismo que roba el sueño y deja sin esperanzas a millones de europeos.
  
La vieja Europa, antaño orgullosa de su titulado "estado de bienestar general" que, dicho sea de paso, nunca fue del todo amplio, no tiene en estos días nada que envidiarle a la más inestable, fluctuante e incontrolada economía tercermundista.
  
De manera que ya son noticias cotidianas los paros en Grecia, las marchas obreras en Madrid o Barcelona, las manifestaciones estudiantiles en Roma, o los piquetes en París, Londres o el propio Berlín.
  
Mientras, la resentidas economías no dejan  de crear alarmas y hacer correr a los reprensentantes de los mercados y las finanzas
  
Grecia rompió el hielo tiempo atrás con la crisis de su deuda externa que obligó a rápidos y discutidos créditos para intentar sacarla a flote, junto a ajustes internos traducidos en desempleo y descenso acelerado del nivel de vida ciudadano.
 
Entonces se supo que hasta  la adusta Alemania había violado el sacrosanto reglamento comunitario el cual establece que una nación de la Unión Europea no puede acumular débitos superiores al tres por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB).
  
Por estos días, el susto lo está provocando Irlanda, nación la cual ya debió asumir el crédito otorgado por la UE y el Fondo Monterio Internacional (FMI), mientras fuentes periodísticas insisten en que están en lista, entre otros, España, Portugal e Italia.
  
El asunto podría precipitarse mucho más porque, entre otras cosas, el dinero público que hoy falta fue utilizado a manos llenas hace apenas 24 meses para solventar la quiebra de bancos, financistas y empresas inmobiliarias y crediticias, las cuales cayeron en crisis gracias a sus irresponsables comportamientos y a las extendidas prácticas especulativas.
  
Al igual que en los Estados Unidos, cuna de la debacle que saltó de inmediato el Atlántico,  en el Viejo Continente los "pilares del sistema" no podían ser dejados a su suerte, aunque sucediese lo que hoy ocurre por todas partes, y fuese la gente común quien pagase los platos rotos.
  
Para colmo, las noticias que llegan de Washington sobre el tema parecerían una burla. Porque resulta que ahora el "inspirado" promotor del titulado Plan Marshall de la post guerra, ha declarado su disposición de  apoyar la línea crediticia europea de estabilidad financiera, mediante el compromiso extra de dinero con el FMI.
  
Es algo así como el convite de quien se asfixia a darle el boca a boca a otro ahogado…y por supuesto que no es gratris ni por elemental solidaridad.
  
En todo caso, y cuando menos, los Estados Unidos por intermedio de ese "programa", tendría también la nariz de lleno en la temática económica europea, lo cual violentaría las reticencias que todavía quedan entre algunos políticos del Viejo Contiente quienes aún viven el gastado sueño de un idílico "europeísmo químicamente puro".
  
Por lo demás, vale recordar que la hasta ahora primera potencia económica del orbe no ha logrado solventar la crisis por la cual atraviesa, y la muy reciente propuesta oficial anti déficit fiscal establece serios recortes a los gastos públicos, aumentos impositivos a los ciudadanos,y la puesta en la calle de al menos 200 mil empleados oficiales, en la nación cuyo índice de desocupados es de diez por ciento. (Por Néstor Núñez, AIN)