Chavela Vargas, un resplandor a voluntad desde su reino

Chavela Vargas, un resplandor a voluntad desde su reino        La Habana, 12 may. – Tiene 91 años y la salud en declive por una reciente operación del estómago, pero mantiene intacto su coraje y esa energía interna que le permitió grabar un disco, tal vez el último, con quienes y cómo su voluntad lo mandaba.

A Chavela Vargas no la ha abandonado su carácter transgresor, provocativo, arrestado, que la llevó a deambular antaño, a su aire, por los cafetines y bares de mala muerte, por los bajos fondos de un México profundo, sórdido a veces, oculto bajo la superficie.

Aun recuerda sus noches prolongadas hasta el infinito, 72 horas sin tregua en la cantina del Tenampa, hoy sitio de culto de los mariachis. Ella y José Alfredo Jiménez trasegando tequila tras tequila. Me bebí todo el que había en México, ironizaba añadiendo anchos ribetes a su "leyenda negra".

Dicen que el alcohol le dejó esa voz ronca, raspada, como una lija de grueso grano, con la que ha conmovido a centenares de espectadores en varias partes del mundo, sosteniéndolos desde el escenario a brazo tendido.

Como lo hizo en Bogotá durante un festival de teatro, desafiando la altura y la llovizna inclemente, que solo contribuyeron a lanzarla al ruedo del escenario con un ímpetu aun más desafiante. Le bastó una canción y la noche fue suya hasta la alta madrugada.

Son los mismos arrestos que juntó en un solo haz para este CD que quiso hacer "con quien me da la gana, como me da la gana y porque me da la gana", dijo dando vía libre a su vocabulario lenguaraz, a veces salpicado de palabras en todas las gradaciones del verde, del morado, incluso.

Un lenguaje de carretero, como le echaban en cara a menudo, mientras ella se volvía simplemente de espaldas con un encogimiento de hombros, y seguía andando. Soy quien soy, parecía decir, y es lo único que importa.

Presentado a fines de abril en México con el título "Por mi culpa. Chavela Vargas y sus amigos", el álbum contiene dúos con el español Joaquín Sabina (Nosotros), las mexicanas Lila Dawns (Vámonos), Eugenia León (Mis ciudades) y la chelista Jimena Giménez Cacho (Un mundo raro).

Lo completan dos duetos más. Uno con la argentina La Negra Chagra (Vámonos) y otro con la estadounidense Pink Martín (Piensa en mi).

Como joya de la colección un tema en solitario, con su voz "rajada", de oscuro esplendor, en Luz de luna, y una canción de su autoría, Adónde vas paloma, secundada por Mario Vila.

Chavela Vargas es un mito viviente. Algunos dicen que sus 91 años le pesan como una losa en cada hueso del cuerpo, y ahora sube al escenario en silla de ruedas. Ese escenario que es un imán para la artista, aunque ya no cante.

Es que tiene un poderío brutal, aseguraba, un encanto, una belleza inexplicables. "Estás ahí arriba y no sientes nada".

Entonces, hasta no hace mucho, simplemente cantaba, "ahí arriba" con una voz salida como de sus propias entrañas, una voz que surcaba el aire como una fuerza mitad celestial, mitad terrena, una red rebosante de un público cautivo, inerme, rendido.

Dicen que este es su último disco, su canto del cisne y tal vez lo sea. Pero ella seguirá andando por el Boulevar de los sueños rotos, haciendo su propio camino. No hay muerte que la detenga.(PL)