Octogenario santacruceño agradece a Fidel, Raúl, Camilo y el Che

PapitoSanta Cruz del Sur, 17 dic.- “Por los caminos reales donde el fango daba al pecho, desandábamos mi padrastro y yo cuando la situación obligaba ir a vender caramelos a quilo a Santa Martha (hoy poblado Cándido González), pues había días que no ganábamos nada.

 Los pies se nos ampollaban con el camina que te camina, también por las calles de esta localidad. Mientras mi madre se estropeaba entre lavados y planchados que le solicitaban. Otros dos hijos pequeños, compay, debía alimentar”.

A Orlando Enrique (Papito) le sobran las anécdotas de las malas rachas. Los alimentos, por ejemplo, se cocinaban en su hogar en pequeñas cantidades para “estirar” las escasas provisiones.

“Me apellido Salgado García. Nací en el barrio conocido como “Canta Rana”, donde más que “melodías” de esos animales había de sobra lamentaciones en cada familia. Después del triunfo de la Revolución nombraron esa zona Fernando del Toro, aunque todavía mucha gente emplea la antigua denominación”.

Las golosinas cambiadas en ocasiones por botellas, buscando alguna ganancia, dejaron de interesarle. “Hacer carbón era mejor. Si iba a pasar trabajo por algo de superior provecho debía pasar la prueba”. Según contó se fue hasta La Duquesa, intrincado sitio en el que reinaban mosquitos y jejenes, a 17 kilómetros de la comunidad rural Cuatro Compañeros.

La entrada del dinero lo estimulaba. “No obstante los manotazos, a pesar de las fogatas para aislar los insectos, eran interminables. Laboraba con Eduviges Sosa y un leñador, su nombre era Carlos, enseguida hicimos amistad. En una oportunidad, como estábamos cercanos a la costa, pidió que lo llevara en bote hasta la finca de Los Riverones.

Durante la travesía quiso saber si me gustaban los Maus Maus, le respondí: No sé a quiénes usted se refiere. Todavía Fidel estaba luchando en la Sierra Maestra”, reseñó.

Caminaron algunos metros… “Hasta que nos tropezamos con muchos rebeldes, muy  sucios y barbudos. Llevaban las escopetas amarradas con alambres. Carlos volvió a mí, venía acompañado de un joven. Me dijo que era el Che, el jefe de la Columna. Sentí un gran calambre en el cuerpo, el nerviosismo fue mayor. El guerrillero se comportó amable; se interesó por saber sobre el movimiento de casquitos en Santa Cruz del Sur, le dije que no había nada anormal. Nos despedimos.

A los tres días del encuentro, Carlos, quien determiné era explorador de los de verde olivo, quiso lo trasladara al mismo terreno. Indagué si la tropa del Che había regresado, respondió negativamente sin argumentos. Lo llevé, fue entonces que conocí a Camilo. Yo pensé: esta vez sí los de Batista me fusilan. De igual manera fui tratado bien. El quiso saber lo mismo sobre la existencia de tropas enemigas en el área, le comenté que por La Duquesa, había normalidad”.

Mantener la victoria a partir del primer de enero de 1959, sería difícil, Fidel lo había expresado. Salgado García fue otro de los milicianos que partió hacia El Escambray, para “limpiar” las montañas de alzados contrarrevolucionarios. “Lo logramos. Pudimos “fusilarles” las ilusiones a los gobernantes norteamericanos

Luego manifestó emocionado: “Entre emboscadas y tiroteos aprendí a poner mi nombre”.

El octogenario Orlando Enrique es jubilado de la empresa Forestal. La sociedad socialista en la que vive lo benefició con una casa apartamento. “Y muchísimas cosas que no hubiera recibido en aquella etapa capitalista que nos tocó vivir a miles de cubanos pobres”. Aquellos caramelos le dejaron un “sabor” amargo en las remembranzas.

“Por suerte ningún niño tiene que vender nada para sostenerse y mantener a la familia. ¡Gracias, millones de gracias, a Fidel, Raúl, Camilo y el Che!”.