Combatiente santacruceño volvería a cargar la ´Pepechá´

Santa Cruz del Sur, 27 mar.- Luis Díaz Alfonso no le tuvo ni le tiene miedo a los riesgos porque se mantiene en el bando glorioso. La imagen de Fidel en el puntal más alto de la casa. “Él es raíz firme”.

Por estos días se ha dejado crecer la barba. Un ligero resfriado quiso sacarlo de la “trinchera”. Sin embargo no pudo “porque este vello en mi rostro, ahora canoso, me acompañó en la espesura las veces que cargué la subametralladora Pepechá”.

Respira sobre los recuerdos. Al obtener Cuba el contundente triunfo este santacruceño humilde se sintió pleno de alegría, pero: “se sabía que el gobierno norteamericano tenía malas intenciones hacia el socialismo en esta Isla de las palmas mambisas”.

Los santacruceños acometieron la orden. “Nos integramos a los pelotones 13 de Marzo y 26 de Julio conformados por José “El Gallego” y “Tuto” Iglesias. Nuestro instructor fue el exsargento de la guardia rural de apellido Monreal que simpatizaba con las ideas del jefe de la Revolución Cubana”.

Para librar de contrarrevolucionarios el relieve montañoso de El Escambray: “Unas compañías partieron para esa área y otras hacia el Centro de Instrucción Militar de Camagüey, ubicado en el Paso de Lesca”. En ese último sitio permaneció un tiempo el soldado.

A él y sus camaradas se les informa de la invasión mercenaria por Playa Girón. “Recibimos enseguida subametralladoras Pepechá”. Se desplazan hacia la zona rural del kilómetro 11 de la carretera de Camagüey a estos predios. Luego se mantuvieron por la parte de Sabanilla del Junco en los límites del municipio Najasa con esta comarca. Días después van a proteger el aeropuerto del municipio Amancio Rodríguez, de la provincia Las Tunas.

Al ser desmovilizados los vecinos de este pueblo se presentan ante la jefatura del cuartel ocupado por el Ejército Rebelde a la extinguida dictadura. “Entregamos el armamento. Pero en breve se nos orienta formar parte del batallón 1021 recién creado.

 Revisamos palmo a palmo los montes de Cuatro Compañeros hasta la arrocera de Vertientes, sin detectarse un alzado contrario al proceso”.

El retorno al recinto fue a pie. “Llegó el momento que me fue imposible andar. Las botas nuevas me hicieron grandes ampollas en los pies”, señaló Díaz.

La experiencia militar, años después, se la  transmitió a muchachos  del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT), al pueblo incorporado en las Milicias de Tropas Territoriales (MTT)  y en la zona de defensa del Reparto Jacinto González, donde vive.

Ni siquiera la diabetes mellitus que padece le ha minado el brío miliciano. “Si fuera imprescindible volveré a cargar la Pepechá”, significó.