Sirven salud con amor en hospital de Santa Cruz del Sur

Santa Cruz del Sur, 28 may .- Con amor, sentimiento esencial frente al fogón, se ocupan de sus afanes cotidianos varias mujeres. En turnos de 12 horas de labor se complacen en cocinar los nutrimentos siguiendo las normas y procedimientos indicados, sin que pierdan su condición sustanciosa, agradable, así como satisfacer a pacientes, trabajadores de servicio, personal especializado y técnico.

Entre grandes ollas humeantes las cocineras del hospital José Espiridón Santiesteban Báez elaboran varios alimentos, muchos de ellos consumidos por las personas ingresadas en esa unidad asistencial de Santa Cruz del Sur.

“Cumplimos con las orientaciones dadas sobre el nivel de sal a emplear, cantidad de grasa si se trata de la comida específica para los enfermos, ya sean niños, jóvenes o adultos. Todo el condimento utilizado es natural. Nada de excesos. Nuestro deber es servir salud desde esta labor”, refirió Estrella Hernández Guerra.

Aniuska Coba Benítez, dijo que hace 8 meses atrás era ama de casa. “No es lo mismo guisar para poca gente. Los conocimientos adquiridos se los debo a Estrella. En nuestro turno nos entendemos muy bien. Todas las que tenemos este encargo, aquí, lo desempeñamos sin asomo de tardanza”.

En frecuencias establecidas, horarios adecuados, los pacientes reciben los alimentos acorde a las patologías que padezcan. Las provisiones determinadas por los galenos a administrar en las dietas son estudiadas y mandadas a confeccionar por Ivis Olivera Soto, técnico medio en dietética.

“De acuerdo a la enfermedad del hospitalizado es el régimen nutricional que éste deberá acatar. Por ejemplo el hipertenso no puede ingerir lo mismo que un diabético. También se tienen en cuenta los infantes acorde a sus dolencias”.

La disponibilidad de recursos en el almacén de alimentos del “José Espiridón” favorece las iniciativas para la creación de menús variados, priorizándose las indicaciones de los especialistas, a fin de mejorar la calidad de vida de los enfermos y se supervisa a diario la eficacia, presentación y temperatura de los comestibles durante la asistencia.

Concluido el proceso en la cocina, otras féminas del personal de servicio se encargan de distribuir lo elaborado en los carros transportadores (desayuno, almuerzo, merienda, comida y cena), para llevarlo hacia las salas de medicina, obstetricia, pediatría, cirugía y terapia intensiva.

“Le servimos a los pacientes o a sus acompañantes para que los nutran, los alimentos con una temperatura adecuada, antes de darlos revisamos el control de las dietas por sala para no incurrir en error alguno”, explicó Blanca de Armas Torres.

Cuando Ismael Díaz Díaz de 71 años, uno de los ingresados en la sala de Medicina, cogió la bandeja, demostró a las claras cuánto había recuperado el apetito. “Llegué muy mal, la bronconeumonía me “golpeó”, ya me siento mucho mejor. Las enfermeras dicen en jarana que por nada del mundo me invitarían a comer a sus casas”.

Saboreando el rico puré de plátano, el reportero vio a la pequeñita Erika Virginia. “Tiene tratamiento por adquirir infección urinaria. La viveza que ha recuperado en los ojos y el deseo de comerse toda la “papita” expresa el restablecimiento”, planteó feliz su madre Yanisleidys Oliva Martínez.

La responsabilidad del Departamento Dietético fundamentada en consumar las orientaciones médicas, las meticulosas obligaciones de las cocineras y la exactitud de las féminas al distribuir esas preparaciones “levanta vidas”, es la valiosa respuesta de ese colectivo al aquejado grave o convaleciente, la que coincide con la forma de actuar y pensar de los hombres y mujeres de la Salud Pública en esta localidad.