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Jonathan, la tortuga de 194 años y los secretos de la longevidad

Con una edad estimada de 194 años, este ejemplar de tortuga gigante ha proporcionado a los científicos pistas sobre los mecanismos celulares asociados a una vida extraordinariamente larga.

La investigación, publicada en octubre de 2026 por la revista científica Science Advances, abre nuevas preguntas sobre el envejecimiento, aunque todavía no permite explicar por completo su excepcional longevidad.

Jonathan nació, según estiman, alrededor de 1832. Cuando llegó en 1882 a la isla de Santa Elena, en el Atlántico sur, ya era un animal adulto. Desde entonces ha sobrevivido a generaciones de seres humanos y a transformaciones que cambiaron radicalmente el mundo.

Hoy, su extraordinaria edad no solo despierta curiosidad, también constituye una oportunidad para investigar cómo algunos organismos consiguen vivir tanto tiempo.

Foto: Kevin Gepford

El pasado 7 de octubre, la revista citada publicó un estudio internacional que examinó el genoma y el epigenoma de esta tortuga gigante de Aldabra (Aldabrachelys gigantea). Los investigadores buscaron características biológicas que pudieran contribuir a explicar su longevidad excepcional.

Más allá de los genes

Para comprender el interés del hallazgo hay que distinguir entre genoma y epigenoma. El primero contiene la información genética de un organismo; el segundo, mecanismos que regulan la actividad de los genes sin modificar la secuencia del ADN.

Uno de esos mecanismos es la metilación del ADN, un proceso mediante el cual determinados grupos químicos se unen a esta molécula e influyen en la actividad de los genes. Con el paso del tiempo, los patrones de metilación pueden cambiar y volverse más desordenados. Los investigadores denominan entropía de metilación a esa pérdida de regularidad.

El equipo examinó muestras de tejido de la cara interna de la mejilla de Jonathan y comparó sus características genéticas y epigenéticas con las de otras tortugas. El análisis reveló que aunque el animal presenta cambios epigenéticos asociados a su avanzada edad, determinadas regiones relacionadas con la producción de energía celular conservan patrones relativamente ordenados, semejantes a los observados en ejemplares mucho más jóvenes.

La comunicación científica de la Universidad de Cambridge, que participó en el trabajo, destaca precisamente esa estabilidad en regiones vinculadas con la producción de energía y la reparación del ADN.

Las mitocondrias, una pista prometedora

La atención de los investigadores se centró especialmente en las mitocondrias, estructuras celulares que producen buena parte de la energía que necesita el organismo para funcionar. Su deterioro se relaciona con el envejecimiento y con enfermedades asociadas a la edad.

En Jonathan, los patrones de metilación de determinadas regiones reguladoras de genes vinculados a la función mitocondrial mostraron una conservación inusual. Los científicos plantean que esa estabilidad podría contribuir a mantener una actividad genética más regular en procesos esenciales para las células.

El estudio identificó también 287 variantes genéticas particulares de Jonathan con respecto a los animales utilizados en las comparaciones. Algunas se encuentran en genes relacionados con mecanismos de reparación del ADN, mantenimiento de los telómeros -las estructuras protectoras de los extremos de los cromosomas-, regulación metabólica y supresión de tumores.

Son pistas de interés porque esos procesos también intervienen en el envejecimiento humano. Sin embargo, identificar variantes genéticas o patrones epigenéticos asociados a una vida excepcionalmente larga no demuestra que sean responsables de ella. La longevidad depende de numerosos factores y la contribución concreta de cada uno sigue siendo una cuestión abierta.

¿Podrían estos hallazgos ayudar a los humanos?

La investigación de Jonathan se inscribe en un campo científico que busca comprender por qué algunas especies envejecen de manera diferente y cómo determinados mecanismos celulares pueden conservarse durante periodos extraordinariamente prolongados.

Si futuras investigaciones confirman la importancia de mantener una regulación genética estable y una función mitocondrial eficiente, esos conocimientos podrían contribuir a estudiar estrategias para preservar la salud durante el envejecimiento humano.

Imagen tomada cuando estaba recién llegada a la isla de Santa Elena, ya siendo una señora de cinco décadas. Foto: Instagram

No significaría necesariamente prolongar la vida, sino, en primer lugar, comprender cómo retrasar algunos procesos de deterioro celular y reducir el riesgo de enfermedades asociadas a la edad.

Pero el camino entre el estudio de una tortuga y una aplicación médica para las personas es largo. El trabajo estudió a un único y singular animal, y sus resultados no permiten establecer relaciones causales definitivas, ni trasladar directamente sus posibles ventajas biológicas a nuestra especie.

Jonathan continúa hoy en los terrenos de Plantation House, residencia oficial del gobernador de Santa Elena. Aunque su edad avanzada le ha ocasionado algunos problemas propios de tantos años y permanece bajo cuidados veterinarios, su historia recuerda que la naturaleza ofrece modelos biológicos capaces de ampliar nuestro conocimiento.

Foto: tomada de nytimes.com

Los científicos buscan en sus genes la fórmula de la longevidad y Jonathan, entretanto, parece más interesada en su próxima ración de lechuga. Y con 194 años en el carapacho, ¿quién se atrevería a discutirle sus prioridades? (Fuente: CubaSí)