Historias Revolucionarias fundidas en un sólo Amor tienen los santacruceños Célida y Onesio

Santa Cruz del Sur, 25 Oct.- La medalla recibida por la destacada labor en los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), Célida la Fuente Corzo la mantiene bien conservada dentro de un pequeño bolsito. Tanto ella como su esposo Onesio Frías Figueredo continúan siendo activos partícipes de las tareas de la mayor organización de masas de Cuba.

¨Yo tenía 13 años cuando una carabana del Ejército Rebelde entró en Santa Cruz del Sur. Tuve el privilegio de entregarles brazaletes del Movimiento 26 de Julio (M-26-7). Nunca olvidaré ese fecha¨, comentó emocionada la fémina.

Muy adolescente el esposo de Célida pasó a formar parte de la alianza revolucionaria de los Jóvenes Rebeldes. ¨También me incorporé al batallón mil 24 de las Milicias¨, evocó.

Los hermanos de Frías Figueredo, Eleocadio y Félix, formaban parte del mismo grupo verde olivo. La jefatura local de los inexpertos combatientes pidió, dieran un paso al frente a aquellos que estaban de acuerdo en formar parte de la Compañía.

¨Estuve de acuerdo pero los jefes se negaban a aceptarme porque era menor de edad. Había cumplido los 15¨, comentó resuelto el entrevistado.

Al llegar los camiones destinados al traslado de la fuerza creada para combatir el bandidismo en la zona de Guayabal, perteneciente al municipio Amancio Rodríguez de la actual provincia de Las Tunas, el muchacho se montó a la velocidad de un ¨rayo¨ en la cama de uno de los vehículos.

Sus padres trataron de hacerlo cambiar de idea. Diciéndole sin reparo: ¨Aquí van mis hermanos. Voy a correr la misma suerte de ellos. Los milicianos no se rajan¨.

El batallón 15 integrado por camagüeyanos se encargó de peinar, bien armado, el territorio guayabaleño. A la vez hacían trincheras y apoyan los cortes de caña en la zafra de ese periodo.

Listos estuvieron los agramontinos para partir a Playa Girón al producirse el ataque mercenario el 17 de abril de 1961. Aunque no fue necesario su apoyo las alertas se mantuvieron para entrar en combate de haber recibido la orden.

La preparación para la defensa prosiguió de un extremo a otro de la Isla. Al pretender el Gobierno de los Estados Unidos agredir nuevamente a Cuba en la llamada Crisis de Octubre del siguiente calendario, Onesio junto a miles de milicianos se apostó ametralladora en mano en una de las partes del largo muro de mampostería construido en gran parte  del litoral costero santacruceño.

¨El triunfo de Fidel y el pueblo tampoco los yanquis lo van a destruir por aquí¨, así manifestó el lugareño.

¨Nuestras historias revolucionarias se hallan mezcladas en el amor que hemos sabido ¨apuntalar¨ con el corazón”, indicó satisfecha Célida.