Ernesto Che Guevara, paradigma universal de los humildes

Ocho de octubre de 1967, el combate se funde entre las malezas y los cerros. La selva observa la feroz cacería, la emboscada, los disparos, la inutilidad del fusil, la pistola sin parque, la pierna herida, el clamor irracional por la captura, el odio, el miedo, la vileza:

“…No porque hayas caído, tu luz es menos alta…”

 De Bolivia,  hasta la isla caribeña, Cuba, tu patria por concepto, de la Higuera al memorial con tu nombre, Ernesto Che Guevara.

“Tu sombra brilla en la pelea mayor de la conciencia y la razón…”

Tu cuerpo inerte yace, mutilado, triste despojo, ultrajado, pero inmenso,  pensaron que morirías, pero fuiste multiplicado, ídolo y Quijote.

“…Cuba te sabe de memoria. Rostro de barbas que clarean. Y marfil

y aceituna en la piel de santo joven. Firme la voz que ordena sin mandar,

que manda compañera, ordena amiga, tierna y dura de jefe camarada….”

Muchos años de ausencia y presencia, neblina y sombra, evocación y rostro, solo credos y creencias, más ahí estuviste siempre, como estás hoy:

“…Estás en todas partes. En el indio hecho de sueño y cobre. Y en el negro revuelto en espumosa muchedumbre, y en el ser petrolero y salitrero, y en el terrible desamparo de la banana, y en la gran pampa de las pieles, y en el azúcar y en la sal y en los cafetos, tú, móvil estatua de tu sangre como te derribaron, vivo, como no te querían, Che Comandante, amigo.”

Aun entre las sierras flamea el estandarte, o en las pampas, o en las calles, rostro y fe, sangre y culto, lucha  irredenta, allí donde el grito de guerra se escucha más alto, más firme, guevariano:

“…y tu gran cuerpo de metal sube, se disemina en las guerrillas, como tábanos,..”

Aún retumba en la escuelita la última frase, palabras lapidarias frente a la cobardía:

“Póngase sereno, está usted por matar a un hombre”.

Hoy Cuba te recuerda:

“…Rostro de barbas que clarean. Y marfil y aceituna en la piel de santo joven.

Firme la voz que ordena sin mandar, que manda compañera, ordena amiga, tierna y dura de jefe camarada. Te vemos cada día ministro, cada día soldado, cada día gente llana y difícil cada día. Y puro como un niño o como un hombre puro, Che Comandante, amigo.”  “…Espéranos. Partiremos contigo. Queremos morir para vivir como tú has muerto, para vivir como tú vives, Che Comandante, amigo.