El primer observatorio astronómico de Cuba y otras revelaciones

Surgido en abril de 1964, tras la fusión de dos instituciones adscritas a la Academia de Ciencias de Cuba, el Instituto de Geofísica y Astronomía (IGA), perteneciente a la Agencia de Medio Ambiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, devino en un centro de investigación-desarrollo de alta especialización, cuyos resultados responden a las prioridades del país en disímiles sectores.

Una de sus primeras líneas de trabajo consistió en iniciar en la Mayor de las Antillas el monitoreo de la ionosfera, mediante la entrada en funcionamiento de una estación de sondeo vertical analógica tipo ais, de procedencia soviética, instalada allí en agosto de ese propio año.

Al mismo tiempo se instaló un observatorio geomagnético para el monitoreo de los distintos componentes del campo magnético y su variación en el tiempo.

La adquisición y puesta en marcha en 2012 de una moderna estación digital ips-42, australiana, destinada a igual propósito, representó un salto cualitativo en el monitoreo regular de la ionosfera.

Estos dos observatorios (ionosférico y geomagnético) dan respuesta a las necesidades de las diferentes entidades de la economía para la explotación de los sistemas de comunicación y navegación que poseen, además de contribuir al pronóstico de distintos parámetros de la ionosfera en determinados plazos de tiempo, y el comportamiento de la propagación de las ondas de radio en territorio cubano, por citar algunos ejemplos.

 

SUBIENDO EL LISTÓN

La licenciada Zulia Bárcena Fonseca, vicedirectora científica del IGA, señaló a Granma que la institución presta especial atención a las investigaciones sobre la actividad del Sol, tomando en cuenta los impactos que causa en múltiples esferas de la vida moderna.

Indicó que para hacer las observaciones del Astro Rey disponen de la Estación Radioastronómica de La Habana y la Estación Óptica Solar del Cacahual, ambas operadas por especialistas del IGA. El énfasis de ese monitoreo lo centramos en la aparición y evolución de las manchas solares, aseveró.

«Nuestras observaciones son reportadas periódicamente al Centro Mundial de Datos, pues allí van a parar las informaciones enviadas por todas las estaciones similares existentes en el planeta, a fin de contribuir al cómputo del índice que cuantifica la actividad solar».

Ello resulta vital en el establecimiento de alerta temprana de posibles explosiones del Astro Rey y sus potenciales consecuencias en el entorno espacial de la Tierra.

Resulta oportuno resaltar que en dependencia de la intensidad alcanzada, estas pueden desencadenar fenómenos como las auroras boreales, además de tormentas geomagnéticas y perturbaciones ionosféricas, capaces de afectar los sistemas de comunicación y navegación, transformadores eléctricos, oleoductos y gasoductos de larga distancia, satélites y naves espaciales.

Según puntualizó la Vicedirectora del IGA, en la actualidad también se le presta cada vez más atención al impacto de la actividad solar sobre la variabilidad del clima terrestre y en el cambio climático a escala global.

Otra línea investigativa asumida por la institución en los últimos tiempos está vinculada con el monitoreo del campo eléctrico atmosférico, a través de una estación dedicada a ese fin, que detecta la presencia de descargas eléctricas en un radio de 48 kilómetros y avisa cuándo va a ocurrir alguna.

Refirió que en estos momentos se valora la posibilidad de brindar un servicio de alerta temprana para el país, con la finalidad de prevenir y mitigar los daños producidos por tan peligroso fenómeno atmosférico.

Entre los resultados recientes del IGA resalta, asimismo, la puesta a punto de una moderna estación para el registro de la resonancia Schumann, un tipo de ondas electromagnéticas que influye sobre diversos procesos biológicos.

Fruto de un convenio de colaboración con el Instituto de Geofísica de la Universidad Autónoma de México, una vez que comience a funcionar obtendrá datos de suma utilidad a la hora de estudiar los efectos de determinados fenómenos del Sol en la salud humana.

Asimismo, aportará información relevante sobre la variabilidad climática en la Tierra y el estado del tiempo, junto con brindar presuntamente la posibilidad de hacer pronósticos a largo plazo de grandes sismos, tema sobre el cual investigan hoy muchos especialistas en el mundo, incluyendo científicos cubanos.

De acuerdo con lo expresado por Bárcena Fonseca, en el transcurso de los últimos dos años se ha fortalecido la colaboración científica con varias instituciones de la Academia de Ciencias de Rusia, que contempla entre sus puntos vitales, la renovación de las tecnologías de observación y monitoreo, tanto de la actividad solar, como de los objetos celestes situados a diferentes distancias de la Tierra.

Calificó de verdadero hito la anunciada instalación, en el IGA, de un nuevo telescopio automatizado ruso de gran alcance (ya se encuentra en Cuba), que garantizará la realización de una amplia variedad de observaciones de cuerpos cósmicos, el rastreo de la llamada basura espacial y el fortalecimiento de nuestro sistema de vigilancia del espacio sideral.

«Lo anterior antecede a la llegada de otros instrumentos y tecnologías provenientes de ese país, conformando en su conjunto un observatorio astronómico de primer nivel, que posibilitará la recolección, análisis y uso de la información en tiempo real, junto al intercambio y enlace con otras estaciones internacionales».

El IGA acomete investigaciones básicas y aplicadas dirigidas al estudio de la Ionosfera, la Magnetosfera y sus interrelaciones; la geoefectividad de la actividad solar e influencia en la propagación de las ondas electromagnéticas y otras esferas.

Asume también la modelación matemática de sistemas terrestres, la cartografía y caracterización de escenarios de peligros geológicos por desarrollo del carso, asociados al ascenso del nivel del mar y de las aguas subterráneas, como consecuencia del cambio climático, y la realización de estudios de riesgos de desastres ante peligros de origen natural, tecnológico y sanitario.

Presta servicios científico-técnicos de sumo valor, entre ellos la determinación del norte verdadero con fines de orientación de antenas, uso en aeronáutica y calibraciones de instrumentos y la instalación de sistemas de protección contra tormentas eléctricas en edificaciones y espacios abiertos.