La muerte del libro

La muerte del libro  De esta forma me sumo a la larga lista de los que, de una forma u otra, han hablado de matar, enterrar y hasta de olvidar al libro, cada vez que una nueva tecnología cambia la forma del tan llevado y traído amigo incondicional de todos los apasionados por la lectura.
   
En tiempos de bytes y computadoras personales, pero sobre todo, una época de miniaturización de las tecnologías informáticas, siguen existiendo personas que arremeten contra estos artilugios, sobre la base de un desconocimiento casi total de los mismos.
   
La víctima fundamental, nunca me he explicado la razón, es el libro, aunque algunas veces se sumen también entre los candidatos a fallecer los periódicos y hasta la prensa en general.
   
Por ahí aparecen los apocalípticos, planteando que esas tecnologías harán morir al libro y que ya no se podrá disfrutar del placer de leer acostado en algún lugar placentero, sintiendo el disfrute del pasar de las páginas.
   
Pero el libro, más testarudo que sus enterradores, ha estado en constante cambio. Lleva cientos de años muriendo en su forma y renaciendo siempre con más fuerza: desde los rollos egipcios de papiro, hasta los libros hechos a mano por los monjes del medioevo, pasando por las tabletas de arcilla de la biblioteca del Rey Azurbanipal.
   
De cualquier forma, no nos preocupemos demasiado, en contra del título, el libro siempre sobrevivirá, pues ni el mejor de los copistas o la más perfecta de las computadoras, será capaz de crear un Macondo, aunque le dedique Cien Años de Soledad y le ponga todo el amor en estos tiempos de cólera.(Víctor Fernández/AIN)