Con derecho a ser por siempre felices

Con derecho a ser por siempre felicesEllos y ellas andan juntos de la mano, dichosos; unos y otras se necesitan, como requiere la tierra de la luz. Corren, juegan, estudian, se hacen fuertes.  Hermosos, porque los cubanos aprendimos de Martí que un niño, aunque sea feo, si es bueno, inteligente y aseado, será siempre hermoso.

En esta tierra que los vio nacer, la sociedad y sus padres les proporcionan el amor grande, el cariño divino, el beso puntual, el abrazo enorme. No les falta nada, tienen lo que requieren, ganan a diario valores y entregan a su vez el humanismo que los distingue como caballeros y princesas del presente y del mañana.

Aprenden los cuentos, luego los narran a sus amiguitos y amiguitas; serán los padres del futuro, sus palabras enseñarán lindas verdades a sus hijos del alma.

En las escuelas les instruyen de cómo está hecho el mundo, tempranamente sus dedicados maestros les enseñan a leer y escribir, les cuentan todo lo que el hombre ha hecho hasta ahora, conocen de la naturaleza, se ejercitan en plantar árboles, defender el Medio Ambiente, ser cordiales, proteger los animales, tratar con respeto sus compañeros de aula, dominar la ortografía, trabajar con limpieza en sus cuadernos…

Van amando la historia nacional y local; saben de la lucha de este pueblo durante más de 100 años, hasta que triunfó esta Revolución liderada por Fidel. Se adentran en la vida de los héroes y mártires de la patria, no como si fueran dioses, sino como hombres y mujeres de carne y hueso quienes lo dieron todo, se desprendieron de todo, hasta de la vida si se requería entregarla, para que ellos no fueran jamás desdichados.

En los matutinos cantan el Himno Nacional, izan con el tradicional saludo, la bandera de la estrella con más luz, cuanto más libre, independiente y soberana; condenan el abusivo bloqueo contra su patria; piden la libertad para los cinco cubanos antiterroristas;  cantan, declaman, danzan por la defensa de las tradiciones y costumbres de la cultura que heredaron de los mayores.

Nuestros niñas y niños saben además, cómo el imperialismo asesina silenciosamente a decenas de millones de seres humanos, víctimas del hambre, la pobreza y las enfermedades prevenibles y curables. Que los enemigos de la paz son los que imponen las guerras modernas de conquista, donde mueren generalmente civiles.

Ellos y ellas viven en una Cuba bella, que les propicia lo imprescindible, los protege, les garantiza la salud, la educación integral, los insta a convertirse en obreros, técnicos, profesionales íntegros. En este primero de junio Día Internacional de la Infancia, siguen creciendo con pleno derecho a ser por siempre felices.

Santiago SantaCruz (Cronista de la Unión de Historiadores)
Cortesía para Radio Santa Cruz