[:es]Un deseo insatisfecho[:]

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Mucho se ha repetido: Estados Unidos considera que tanto Cuba, como el resto de América Latina, son su traspatio, donde echan todo lo que no quieren y toman todo lo que necesitan. Otros manejan el término jardín, de cual roban lo mejor de nuestras tierras del sur.

En su papel se buenos vecinos EE.UU., preocupados por las libertades que los “Castros” han apocado a Cuba por casi 60 años, al parecer desean “abandonar por el camino de la vida” las realidades y las verdaderas intenciones.

Son conocidos los intentos de EE.UU. por obtener el derecho soberano sobre Cuba, el propio Benjamín Franklin, uno de los padres fundadores de la independencia de ese país, reclamaba a Inglaterra en época de las Trece Colonias, la toma de la Isla de Cuba.

Ya para inicios del siglo XIX, Thomas Jefferson, tercer presidente estadounidense durante casi una década (1801-1809), dio a conocer cómo esta naciente nación, en caso de guerra con España, se apoderaría de Cuba.

Las cúpulas gobernantes de Estados Unidos siempre han demostrado interés por ser los “dueños” de Cuba. ¿Por qué este interés, que despunta en enfermizo? Simplemente por la posición estratégica de la isla como la llave del Golfo de México; digamos, también, que es un elemento de vital importancia para la seguridad y defensa de los EE.UU., y como es natural, de sus vías de comunicación marítimas hacia el resto de América Latina.

Eso quedó expresado por el James Monroe (5to. Presidente de EE.UU. 1817-1825), quien además de su Doctrina Monroe (en verdad promulgada por el senador Quincy, y sus posteriores corolarios, llevados, casuísticamente, a cabo por otros presidentes), mantenía la idea de agregar una estrella más al pabellón estadounidense si lograba la anexión de Cuba. de hecho, manifestó:  “Siempre la miré como la adquisición más interesante para nuestro sistema de estado“.

Algo parecida fue la idea de John Quincy Adams, quien a través de la política de la “fruta madura” no puso en duda que Cuba caería en manos estadounidenses la fruta que se desprende del árbol (España).

Esto no es especulación. Así lo declaró Adams en 1823: “…hay leyes de gravitación política, como leyes de gravitación física, y Cuba, separada de España, tiene que gravitar hacia la Unión, y la Unión, en virtud de la propia ley, no iba a dejar de admitirla en su propio seno. No hay territorio extranjero que pueda compararse para los Estados Unidos como la Isla de Cuba. Esas islas de Cuba y Puerto Rico, por su posición local, son apéndices del continente Americano, y una de ellas, Cuba, casi a la vista de nuestras costas, ha venido a ser de trascendental importancia para los intereses políticos y comerciales de nuestra Unión“.

Definitivamente es un deseo insatisfecho. Muchas han sido las pretensiones e incontables han sido los pretextos. Es un pensamiento común, una idea, un concepto, una política. Lo cierto es que la historia ha demostrado la pureza y las intenciones de los ideales cubanos. Tal parece un gen incorporado, EE.UU. quiere apoderarse de Cuba, y Cuba se defiende para mostrarse siempre libre, independiente y soberana.

Por José Luis Alonso Lanza [:]