Formar hombres piadosos y útiles es la esencia de la Educación Cubana

Santa Cruz del Sur, 12 nov.- Esa enseñanza a la que se aspira sea admirable desde la cuna, ayuda a convertir a los futuros hombres y mujeres en piadosos y útiles al iniciar su desarrollo biológico, psíquico e intelectual en las aulas, recintos en los que los educadores abrigados con almas de padres proporcionan a sus alumnos otras dosis de crecimiento humano a través de la sabiduría y la formación de valores, sin dejar la familia de ejercer su principal rol.

Llamada obra de perpetuo amor, es el magisterio cubano el abono espiritual, donde lo educativo cumple el venerable propósito desde la ejemplaridad. El maestro tiene el deber de impartirle al discípulo la clase amena e interesante a través de la conversación instruida, adiestrándolo en el hábito de la investigación.

Así de continuo y duradero es el aprendizaje de los pequeños. Progenitores, comunidad y escuela son indisolubles.

Nos corresponde a todos los integrantes del núcleo esencial de la sociedad: la familia, conducir con respeto y cariño, pues como dejara escrito José Martí: “La familia unida por la semejanza de las almas es más sólida, y me es más querida, que la familia unida por las comunidades de la sangre”.

La escuela cubana implica en el proceso docente-educativo el carácter científico, renovador del sistema; lo fecundo tiene elemental consistencia, prepara al niño a aprender por sí, asegurándole a cada uno de ellos el desarrollo de un ejercicio consciente y personal.

Vale entonces la ternura en cada minuto del día, además de facilitar a los infantes las armas que han de necesitar para la vida: sabiduría, honestidad, honradez, laboriosidad, amor, solidaridad y patriotismo.