[:es]Familia santacruceña orgullosa de su actuar a favor de la Revolución[:]

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Las anécdotas encuentran espacio adecuado en el ordinario cuadro cronológico. Dos hermanos en representación de sus seres queridos revelan hechos con el único interés  de que no queden encallados en el olvido. El pensamiento de cada uno se ajusta a aquel contexto convertido en ramillete de constantes decisiones.

Al  pasar en bote la cañada comenzaba la tierra firme. La espesura del monte contrarrestaba a corta distancia con el poblado La Playa de esta localidad. Ese fue el sitio preferido por los Lara Nieto para alzar la sencilla morada. Tres varones y una hembra nacieron del brío enamorado de Alcides y Magdalena Ester.

Hacia la morada de salitrosas tablas se extendió el anónimo combate. “Nuestro tío Algérico Lara Correa era uno de los grandes inspiradores de este tipo de lucha. A él lo seguimos porque fue capaz de constituir la cooperativa de pescadores en la que  a sus miembros se les compraban  las capturas a mejor precio”, comentó Rolando.

A los más pequeños les prohibían escuchar las conversaciones no aptas para menores. “Pero con el tiempo comenzamos las colaboraciones en la cédula del Movimiento 26 de Julio (M-26-7)”, afirmó Rosario, la hermana del otro entrevistado.

Continuas eran las adquisiciones en la tienda de propiedad privada El Encanto. Laudelina Lara, prima de la fémina, era allí dependiente. “Compraba la telas rojas y negras. Mamá se encargaba de confeccionar la bandera del Movimiento uniendo esos dos colores. Mi otro hermano Roberto era el responsable de hacer las plantillas de la única letra y los números. La vieja acometía lo demás”.

Los brazaletes nacían a montones en la propia máquina Singer de la progenitora para ser enviados en la barca La Paloma, de Lilo Suárez, al Ejército Rebelde.

Más de uno de aquellos gallardetes ondeó en el litoral costero. “Yo remaba en la pequeña embarcación de papá, mientras que agarrados de la popa iban mis hermanos Rigoberto, Rafael y el propio Rolando. Ellos, claro, de madrugada, colocaron una en el cayito Muerto, ya desparecido, y la otra cerca del bar de Valdivia, el jefe de la guardia rural en el área costera. La algazara de los guardias era grande al conocer el hecho”, expuso Rosario.

Despedida

Al resultar imposible la presencia de Rigoberto y Rafael en La Cañada, le dan el beso de despedida a los padres, partiendo hacia la Sierra Maestra. En el agreste entorno son aceptados en la columna número uno comandada por Fidel.

“La rural le preguntó a mamá sobre sus hijos mayores, ella le respondió que andaban picando la madera para construir un rancho. La detienen, es interrogada, pero no le sacaron una sola palabra”.

Rolando continúa: “Luego me tocó partir a mí, con 16 años, hacia los montes de San Miguel”.

Como iba recomendado, Victor Mora, el jefe de la tropa, lo acepta. Días después “él me ordena junto a otros 100 compañeros ir a la Sierra Maestra a buscar armas. Nada más llegamos cinco después de trece días de andar fatigoso. Ya usted puede sacar conclusiones. Los pies se me llenaron de pelados por lo que tuve necesidad de prescindir del calzado. Si intentaba ponérmelo soltaba el grito”.

Las tareas del M-26-7 en la comunidad La Playa mantuvieron el compás establecido sin contratiempos. Mientras que los éxitos combativos de los bardudos  frecuentaban en los senderos de la Maestra.

Cumplió Rolando intensa preparación militar bajo las órdenes de Crescencio Pérez para  acabar de destruir el mal creado por el férreo gobierno del dictador.

Se fatiga al hablar: “Son las taquicardias periodista. Puras trampas del almanaque”, refirió josoco. “Sin embargo no me rindo como no lo hice en las horas de intenso peligro”.[:]