Aporte desde la simiente

La campaña de frijol, a nivel nacional, ha dejado el más amargo de los sabores: el de la expectativa no cumplida, para pesar de los amantes del buen potaje y del balance de la economía, que continúa la importación de este producto para saldar necesidades básicas.

Pero entre la generalidad, hay particularidades que descuellan, y Pinar del Río, por ejemplo, logró en este 2011 acopios sin precedentes.

A finales de abril, los almacenes de la Empresa Mayorista de Productos Alimenticios, de Vueltabajo, habían recibido casi todo el frijol que esta provincia necesitaría para la distribución normada y el consumo social en el año.

Este resultado estuvo acompañado de determinadas decisiones globales clave, como la entrega de recursos a los campesinos y el aprovechamiento de tierras tabacaleras en rotación. Pero aun con todos los aseguramientos, poco hubiera germinado sin la constancia, la inventiva, y el esfuerzo diario de cuantos, en sus propios espacios, se afanan en lograr mayores volúmenes de producción de alimentos, dedicación que empieza desde la semilla…

Para gustos, variedades

Dentro de pomos plásticos, repletando el estante del pequeño almacén, Plácida y Basilia Aldaz muestran lo que, si no constituye un récord, seguramente será buen average: 250 variedades de frijol recopiladas por la familia y que cada año plantan en su finca, con la intención de facilitarle semillas de calidad a los productores de la zona de La Palma.

Por ello, aunque su tierra es relativamente pequeña, ambas hermanas advierten que son muchas las toneladas del grano que han ayudado a cosechar.

"Empezamos en el año 2000, con 50 variedades facilitadas por el Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas (INCA). Hasta ese momento, aquí solo conocíamos tres tipos de frijol: negro, blanco y rojo", cuenta Plácida.

Entonces, sin embargo, los rendimientos eran inferiores a los actuales, e incluso, una parte de los granos cosechados se echaban a perder.

"Nos entregaron sobrecitos pequeños con semillas de cada tipo. Después, participando en ferias e intercambiando con productores de todo el país, seguimos incorporando variedades, hasta llegar a 250 en el 2011".

Pero no se trata de una simple colección. Vinculados al Programa de Innovación Agrícola Local rectorado por el INCA, en cada campaña Plácida y Basilia, junto a su hermano Andrés, plantan pequeñas cantidades de todas sus semillas con el propósito de multiplicarlas.

"Delimitamos una parcela, sembramos un surco de cada una y lo numeramos, para poderlo identificar", explican.

Entonces, campesinos de la zona visitan la plantación (en la CCS Pedro Lantigua en este municipio), observan la evolución de las distintas variedades, y eligen la que más se ajusta al terreno y las condiciones de riego donde desarrollarán el cultivo.

Para la familia Aldaz, el trabajo no acaba aquí. "Hay que recolectar cada uno de los 250 surcos por separado. Uno debe ser muy cuidadoso para que las semillas no se mezclen", detalla Basilia.

"Luego, tenemos que seleccionar y conservar los granos, una tarea que nos puede tomar varios meses, porque se trata de un trabajo de mucho esmero. Le puedo asegurar que los certificamos tan bien que cuando usted los tira en la tierra, no falla uno".

A 11 años de haber iniciado esta experiencia, los Aldaz han asistido a 157 productores, incluidas varias empresas y cooperativas. "La mayoría de los campesinos de nuestro municipio han venido a buscar semillas", afirma Plácida. Y también asegura haber colaborado con no pocos agricultores de Viñales, Pinar del Río, Candelaria, e incluso de otras provincias.

"A los interesados les entregamos generalmente una taza llena de semillas. En un terreno apropiado ello permitirá obtener cinco o seis libras de frijoles, que cuando se incorporen nuevamente al campo, darán una buena producción".

En un próspero banco de variedades, cuentan además con 54 tipos de yuca, 27 de arroz, 15 de tomate, cinco de boniato, cuatro de maíz…

Más allá de la curiosidad, aclaran que tal diversidad posibilita contar con granos capaces de germinar en diferentes tipos de suelo, resistentes a la sequía, al exceso de humedad, a plagas y enfermedades específicas.

Lograr simientes de calidad constituye un paso vital para el desarrollo de la agricultura, argumentan ambas mujeres. "Cuando uno tira una buena semilla al campo, los resultados están prácticamente asegurados".

Y con esa convicción insisten en seguir dando vida a esta valiosa experiencia, que parece evocar el viejo refrán: Para gustos se han hecho los colores… y las semillas.