Campanella, un Oscar para América Latina

Campanella, un Oscar para América Latina La Habana, 9 mar. – Aunque los Oscar son imprevisibles, por mucha cábalas previas anticipadoras, desde un inicio El secreto de sus ojos, del cineasta argentino Juan José Campanella, llevaba consigo el pálpito de una posible estatuilla.

No sólo por las virtudes de su factura cinematográfica y el telón de fondo de los años siniestros -preámbulo de los golpes militares que ensombrecieron a América Latina en las últimas décadas del siglo pasado-, sino también porque pesan las coyunturas actuales.

La Academia de Hollywood no es ajena al contexto en que está inmersa. Estados Unidos enfoca de nuevo su mirada hacia el sur de esta región del mundo, con una intención nada inocente o ingenua.

Pero el filme de Campanella tiene suficientes méritos para merecer el lauro de mejor largometraje extranjero.

Además de cumplir con uno de los requisitos consustanciales al arte, desde los griegos a la fecha, la capacidad de entretener -muchas veces olvidado-, lo hace con imaginación y talento a bordo de un lenguaje cinematográfico resuelto con pericia, una fotografía espléndida y una cámara manejada con sabiduría.

El secreto de sus ojos es una cinta de factura apreciable y actuaciones encomiables, cuyas soluciones formales están puestas al servicio de revelar aspectos de la conducta colectiva o individual, de las reconditeces resguardadas tras la apriencia visible.

Tomando como base el libro de Eduardo Sacheri, Campanella pone los hilos de la trama en manos del experimentado Ricardo Darín, quien encarna a Benjamín Espósito, ex secretario de un juzgado de instrucción al que obsesiona la mirada del novio de la joven, brutalmente violada y asesinada, dispuesto a no descansar hasta conseguir la condena del asesino.

Como trasfondo, llevado en ocasiones a un primer plano, el mundo de los tribunales y la violencia asomando en la Argentina de los años 70, mientras el investigador retirado va recuperando la pista del crimen cometido 25 años atrás.

En suma, una historia de amor y muerte, no exenta de humor negro, con un ritmo de thriller que ilustra la escena vertiginosa de persecución del asesino en medio de un estadio de futbol repleto hasta el mínimo espacio humanamente ocupable.

Una historia en la que penetra a fondo Espósito hasta conducirla a un final tan inquietante como inesperado, resuelto quizás algo más tardíamente de lo que exigía la trama.

El secreto de sus ojos atrapa desde que el espectador entra en la historia de la mano de una cámara certera, y es arrastrado por el poder de las imágnes. La cinta se paseó en olor de triunfo por todos los escenarios internacionales donde se ha presentado, La Habana entre ellos, y en su país rompió récord de público apenas comenzó a exhibirse en las salas.

Otro Oscar para Argentina desde La historia oficial, conducida por Luis Puenzo hace 25 años. Lo merece Argentina y también Latinoamérica y su cine afianzado en la áspera realidad, en marcha contra viento y marea.(PL)