Remembranzas de maestra santacruceña refuerzan admiración por esa profesión

Santa Cruz del Sur, 26 ago.- Los exámenes de oposición fueron un reto grande que Diana de la Paz Puértolas Suárez enfrentó valerosamente a las 15 primaveras para ingresar en la escuela técnica industrial Rosalía Abreu, en La Habana.

“Eran siete plazas las que se otorgaban. Tuve la suerte de obtener una de ellas”, refirió la octogenaria santacruceña.

Al egresar de la institución graduada de técnica agrícola le creció el deseo de estudiar Pedagogía en la Universidad de Camagüey. “Siempre he llevado en mi corazón, lo confieso, las doctrinas de José Martí”.

Los encuentros en la casa de altos estudios eran los sábados, por lo que a petición del profesor Emilio Bandés Álamo, director de una escuela privada de enseñanza primaria de Santa Cruz del Sur, comenzó a ejercer la profesión que mucho admira. “Impartí contenidos a escolares de cuarto a sexto grados”, comentó.

No pudo terminar la carrera faltándole el último año.  “A causa de la guerra de liberación nacional, liderada por el Comandante en Jefe Fidel Castro, el gobierno de turno decidió cerrar la Universidad”, dijo apesadumbrada.

Luego del triunfo revolucionario, cuando supo del llamado a los educadores cubanos a respaldar el desarrollo educacional en las zonas rurales, Puértolas Suárez dio la disposición.

“En los cursos 1959-1960 y 1960-1961, expuso, partí para Yaguabo Tres, zona rural ubicada en tierras del otrora central Macareño, actual comunidad de Haití. Di clases en el sistema de enseñanza multigrado. Casi todos mis educandos eran adolescentes; además, participé en ese mismo lugar en la Campaña de Alfabetización”.

Al siguiente calendario lectivo preparó la mochila con todo lo imprescindible. “Tomé el tren y fui para Vertientes”, evocó. Ayudada por conocedores del entorno que la esperaban fue guiada hasta la intrincada finca La Resistencia, enclavada sobre el terreno del lugar costero nombrado San Pedro.

“Fue otra etapa linda de mi vida como maestra. Aprendí con los guajiros a enfrentar los mosquitos, los jejenes, dormir en hamaca, alumbrarse con la luz de cocuyos embotellados, montar a caballo, abrir rastrillos, espantar majás y cazar guineos”, comentó risueña Diana.