Che Comandante, amigo

Che Comandante, amigo“Hay hombres que luchan un día, y son muy buenos, hay otros que luchan un año, y son muy buenos, hay hombres que luchan muchos años y son mejores, hay hombres que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”.

El Che es de esa estirpe de imprescindibles que describía Bertolt Brech. A 42 años de su muerte su impronta sigue cautivando e inspirando las causas más nobles en este planeta.

Hombre de acción y pensamiento, consecuente hasta los últimos momentos con sus ideales revolucionarios y humanistas, los que defendió en cada lugar donde estuvo presente en ayuda solidaria.

Escenarios como Cuba, el Congo, o Bolivia recuerdan su paso liberador, y su grito de guerra contra el imperialismo y las secuelas que ese sistema social presupone.

Su ejemplo nos inunda desde sus tempranos días de estudiante. Su recorrido por tierras sudamericanas, su periplo por Guatemala, o la llegada a México, donde se enroló en la gesta libertaria cubana, son pasajes que invitan a la reflexión profunda, pues las necesidades de entonces son las mismas hoy para los pobres de la tierra.

En los cubanos esta más latente su huella, marcada desde los días del desembarco del Granma, en la guerrilla de la Sierra Maestra, en el recorrido invasor hacia el centro de la isla, en la provincia villaclareña –y su labor unificadora de los frentes guerrilleros del Escambray– en el triunfo, en el Ministerio de Industrias, o en el primer trabajo voluntario.

Su decisión de seguir la lucha contra el imperialismo en otras tierras del mundo, lo encontró dispuesto, cual nuevo Quijote sobre el costillar de rocinante, con su adarga al brazo.
 
Fue Bolivia bastión y trinchera, redil y tumba, voluntad y leyenda, legado imborrable de fe en el hombre nuevo, fidelidad a toda prueba a sus principios, a sus compañeros, a todos los seres humanos –en especial a los más desposeídos–, por los que luchó y ofrendó su vida.

Nunca fue más baja y alevosa la traición que se fraguó aquel 8 de octubre de 1967, hace ya 42 años, cuando con sus compañeros muertos o dispersos, herido y sin balas, fue capturado.

El Che en su inmensa estatura de hombre, de héroe, polemizó con sus captores, que trataron de vejarlo, y que tardaron en cometer el crimen, acosados por el miedo a su figura.

Ernesto Guevara de la Serna moría físicamente, y la inmortalidad lo acogía en su seno como el  Guerrillero Heroico, o simplemente el Che, paradigma de hombre y revolucionario.

En esta jornada de recuerdo, rindamos homenaje con estos versos del Poeta Nacional Nicolás Guillen:

No hay descanso ¡Salud Guevara!
O mejor todavía, desde el hondón americano:
Espéranos. Partiremos contigo. Queremos
morir para vivir como tú has muerto,
para vivir como tú vives,
Che Comandante,
Amigo.

(Por Hugo Betancourt Mayoral/ Radio Santa Cruz)