Tatuajes digitales, una revolución científica en la modernidad

Con amantes, fanáticos y detractores, los tatuajes han acompañado a las civilizaciones humanas desde milenios.

Se trata de una modificación de la piel, en la que se crea un diseño (simple o complejo) y se plasma con agujas u otros utensilios que inyectan tinta o algún otro pigmento bajo la epidermis de una persona.

La evidencia más antigua de esta práctica se encontró en momias pertenecientes a la cultura Chinchorro, en la costa de lo que hoy es Perú. En estas se conservan tatuajes datados en el año 2000 a.C, consistentes en un bigote delgado sobre el labio superior de un hombre adulto.

Mucho tiempo ha pasado desde entonces. En la cultura contemporánea los tatuajes pueden expresar desde los más sagrados postulados religiosos, hasta la más fútil de las ideas; ya sean en forma de complicados algoritmos de imágenes que inundan todo el cuerpo, o un diseño simple y para nada llamativo; las posibilidades -como la inspiración humana- son infinitas.

Tanto es así que ya se ha dado un paso más allá con la llegada de los tatuajes digitales; un proyecto que propone introducir la tecnología dentro de nosotros mismos y convertirla en un aliado de nuestra cotidianidad. La intención es dejar atrás todas las funciones que hasta ahora cumplen diligentemente los smartphones (teléfonos inteligentes).

Para algunos es suficiente con lo atractivo de la idea: tatuarse un gadget digital, inteligente y conectado a Internet. Pero el desarrollo de esta propuesta avanza a pasos agigantados, y está yendo mucho más allá de aplicaciones cosméticas y usos superficiales.

Las ventajas que puede tener para controlar nuestra salud plantean una gran revolución a nivel científico, en la que muchos investigadores ya están trabajando. Al final, la salud es una de las principales preocupaciones del ser humano como especie.

Instituciones académicas de todos los rincones del planeta están inmersas en el tema. La Universidad de Seúl, en Corea del Sur, presentó un dispositivo capaz de controlar los niveles de azúcar en sangre, un instrumento muy práctico para los millones de personas que sufren de diabetes.

El sistema se basa en un parche de grafeno (material muy de moda en estos tiempos) que analiza la temperatura del cuerpo y los niveles de ph del sudor, recogiendo datos que se transmiten a una app. De acuerdo con los científicos surcoreanos, esa misma aplicación ordenaría al tatuaje que suministre la cantidad necesaria de metformina que el organismo necesite, a través de unas microagujas incorporadas en el diseño.

También está el ejemplo de la estadounidense Universidad de Texas, pues allí están igualmente innovando a partir de tatuajes de grafeno. En este caso, estos podrían controlar las actividades eléctricas del cerebro y de todos los músculos, incluyendo el corazón.

El grafeno consigue que estos parches sean prácticamente invisibles y el paciente no se sienta invadido por su presencia. Pensados para ser lo más cómodo posible, se pueden colocar en cualquier lugar del cuerpo y no necesitan adhesivos extra gracias a la capa de material polimérico que poseen.

En el plano comercial, una de las marcas que se está posicionando a la vanguardia de los tatuajes digitales es MC10, que el pasado año sorprendió al mundo cuando presentó Biostamp, un gadget pensado para investigar a pacientes con enfermedades neurodegenerativas.

Otro de los dispositivos que lanzó al mercado en 2016 fue UV Patch, en colaboración con la marca L’Oreal. Su objetivo es medir el daño que la exposición a los rayos solares provoca en nuestra piel. El tatuaje de MC10 funciona a través de unos compuestos que cambian de color según la exposición sufrida. Cada una de esas tonalidades está relacionada con un nivel de riesgo diferente.

Pero no solo es la salud. También están las compañías interesadas en los tatuajes digitales a favor del control y la seguridad. En 2014, Motorola dio un primer paso cuando lanzó un tatuaje digital que permitía desbloquear su modelo de Smartphone MotoX.

Construido en níquel, su uso era limitado (por cinco días) y funcionaba con tan sólo acercarlo al móvil. Y aunque sólo servía para desbloquear el teléfono, ya anunciaba la llegada de una nueva dimensión para lo que hoy se conoce como “el Internet de las cosas”.

Y hablando de ello, se espera que en el año 2020 el Internet de las cosas llegue a cifras de 80 mil millones de dispositivos inteligentes en todo el mundo. Muchos elementos entran en juego para hablar de los avances del mañana, pero los tatuajes digitales ya llevan ventaja en esa carrera. (Texto y foto: PL)