Reynaldo Soca García es de los revolucionarios que no pierden el rumbo

Santa Cruz del Sur, 30 ene.- Muy pocas veces se quita el sombrero. Ese ornamento masculino es la “corona” que acicala la personalidad de un hombre decidido a enfrentar el tiempo sin pedirle clemencia a las enfermedades.

Anda apoyado en un bastón pero manteniendo la cabeza erguida y el paso sin flaquezas como se los orientaron sus padres y la experiencia adquirida en su trayectoria revolucionaria.

El odio a las indecencias políticas con todo el acarreo de chivatos, guardias inmorales, abuso de poder y cientos de miles de patrañas para favorecer a los de arriba, aplastando a los pobres, cimentó el pensamiento fidelista de Reynaldo Soca García.

“Al formarse la célula del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) en el municipio Abreus, provincia de Cienfuegos, yo tenía 19 años. Muchos jóvenes como yo que de igual manera trabajaban en el central Constancia (hoy Guillermo Moncada), se integraron a la lucha clandestina por las mismas razones”.

Bajo las órdenes, primero de Rigoberto Pérez Leyva, luego de Onelio Santana, evocó, se dieron a la tarea de colocar carteles pidiendo se viniera abajo el régimen de Fulgencio Batista.

En cuanto el entrevistado y varios de sus camaradas estuvieron “quemados”: “Un cabo de la guardia rural, primo del Teniente Sarría que salvó a Fidel, me informó sobre los planes de detección previstos”.

Él y varios de los compañeros de lucha se unen a la tropa del Ejército Rebelde dirigida por el Comandante Víctor Bordón. “Se tomó la comunidad de Cartagena del municipio Rodas. Después se repitieron esas victorias en Santo Domingo y  Rodas, decretándose territorios libres de Cuba”.

Después de producirse el triunfo categórico el 1ro de enero de 1959, Soca asume ocupaciones sindicales en la fábrica de papel del municipio Abreu, entidad en la que ejercía el quehacer de técnico.

El “empacho” al imperialismo yanqui a causa de la victoria popular,  le creció en demasía. Tanto malestar en los “tentáculos” lo llevó a planificar el financiamiento, la entrega de armas y medios de comunicación a la contrarrevolución alzada en las lomas del Escambray. “La unidad de los milicianos los acorraló poniéndolos fuera de combate”.

Al graduarse de instructor político en Camagüey, permanece un año en La Ciudad de Los Tinajones por orden del Comandante Juan Almeida; apoya incluso la zafra azucarera de 1970.

La división político administrativa en la Isla lo  trae a esta localidad. “Aquí constituí mi familia, asumí cometidos laborales y las orientaciones del Partido Comunista de Cuba (PCC), afirmó.

Reynaldo se reacomoda el sombrero, sujeta fuerte el bastón para proseguir dando sólidos pasos. “Nunca los revolucionarios podemos perder el rumbo porque tenemos al Comandante en Jefe y a Raúl en la obra cotidiana que construimos”.